Opinión

Cambios necesarios

Esta noche habrá concluido la campaña electoral, pero no es cierto. Mañana está marcado como día de reflexión, una jornada pensada para que el electorado se desintoxique de slogans, promesas, críticas, rumores, navajerías y otros usos de la batalla por el voto y así decidir con mayor templanza. Según el artículo 51 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg), a partir de las cero horas de hoy debe comenzar un día en blanco, políticamente hablando, pero estrictamente no se cumple. La realidad y el avance de las nuevas tecnologías han convertido al sábado en una manta llena de zurcidos y trucos para continuar en campaña de forma solapada: noticias de la vida privada de los candidatos/as, 
comentarios de politólogos interesados, tertulias de taberna con los integrantes de las listas, trucos de prestidigitadores… 

Incluso es probable que durante esas veinticuatro horas usted reciba una llamada por parte de una presunta empresa de sondeos con preguntas peregrinas entre las cuales, además de venderle una sartén o una lavadora, no disimularán el deseo de conocer su intención de voto, sus esperanzas sobre un nuevo gobierno y sus preocupaciones para el próximo lunes según quien gane. Estas encuestas no están tácitamente vetadas, la Loreg en su artículo 53 prohíbe difundir los resultados pero no realizarlas. Yo tengo la certeza de su existencia e incluso sé que desde ellas se intenta una solapada inducción al voto para el partido que las paga. Son una hijuela del llamado tracking que durante toda la campaña funciona en el entorno de las sedes de los contendientes y con lícita profesionalidad en algunos medios de comunicación.

¿Qué indica esta realidad? Señala que el día de reflexión ha perdido su intención de parada y fonda, de oasis, y lo han convertido en una trinchera de prácticas irregulares a las que, desde la proliferación de las redes sociales, debemos sumar otra inteligente función alegal: la petición del voto utilizando ejércitos de militantes o personal contratado al margen de la oficialidad de los partidos, a quienes el artículo 58 bis de la ley permite utilizar los destinos electrónicos obtenidos de las redes públicas. Sin embargo no dicta límite temporal específico. Tal silencio administrativo a la ciudadanía no nos impide mostrar preferencias ideológicas e incluso pedir el voto para el partido de nuestra opción. Si mañana o el mismo domingo 18-F yo mandara un mensaje masivo, hasta donde mis redes me lo permitan, pidiendo el voto para el líder que considero mi mejor representante, nadie podrá acusarme de ningún delito, pero tampoco al partido del interfecto. Por tanto, de este modo, los mecanismos son usados en positivo o negativo y usted verá que a partir de esta noche crecerán como setas y se multiplicarán los memes y vídeos para ridiculizar o ensalzar a tirios y troyanos.

¿A dónde pretendo llegar? A algunos añejos fallos del juego democrático. A la necesaria revisión de tres viejos mecanismos inútiles en las campañas electorales del siglo XXI. Uno, es necesario suprimir el perverso día de reflexión para evitar pecadores. Dos, debemos cambiar el articulo 69 punto 7 de la Loreg por el que se impide la publicación de encuestas cinco días antes de la votación, cuando la ciudadanía al completo sabemos que se siguen realizando día a día sin descanso. Y tercero, regulemos adecuadamente la pantomima de las precampañas, donde funcionan los métodos de campaña, pero con la ridiculez de abstenerse de pedir el voto, obligando así a la duplicación de la cartelería, de los slogans y aumentando el cansancio del electorado.

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