Opinión

Tragaperras

Junts per Catalunya es al Congreso lo que una tragaperras al bar de la esquina.

Un día le metes las vueltas del café y te da el especial, pero como sigas probando suerte al día siguiente —y al siguiente tampoco pares— acabará quitándote hasta los pantalones. Su razón de ser no es facilitar tu economía, sino justo lo contrario.

La razón de ser de Junts tampoco es facilitar la gobernabilidad de España, por mucho que le diese el premio especial de la investidura a Pedro Sánchez para que la gobernase. En realidad, en su naturaleza está el objetivo contrario, facilitar el desgobierno de un país al que detesta. Su victoria es la derrota de la España que, en mala hora, alguien pensó que quería ayudar a gobernar.

Como todo callejón sin salida, este en el que se ha metido el gobierno también tiene una, que es voltearse y buscar el callejón con salida: aparcar la amnistía porque quien la exigía ya no la quiere pese a haberla pactado; excluir a Junts de la ecuación de la gobernabilidad, gobernar de acuerdo al programa de los dos partidos que forman la coalición y buscar acuerdos con el resto del arco parlamentario para legislar, como por cierto ya hicieron con maestría Pedro Sánchez y Yolanda Díaz la pasada legislatura.

Y si, aun así, este sudoku nos deriva a una situación de colapso, que puede ser, todavía quedarían dos opciones más: convocar elecciones anticipadas o bien que las tres derechas (la extrema derecha española, la derecha extrema catalana y la derecha clásica) se pongan de acuerdo para hacer una moción de censura. 

Cualquier opción será infinitamente mejor que jugar a la tragaperras en que se ha convertido Junts, que un día te puede dar el premio especial, pero solo como cebo para dejarte con todo al aire al día siguiente.  En realidad, es un partido que ya solo es bueno para Puigdemont, porque pudiendo aprobar una amnistía que según ellos mismos beneficiaría a miles de personas, prefirieron condenarlas (de momento) a todas para salvar a solo una. El amado líder.

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