Opinión

Desacatos, dimisiones, consuelos y diagnósticos

Desobeciendo una decisión de la dirección del PSOE. Así empezó la épica y exitosa historia de Pedro Sánchez y empieza la nueva vida política de José Luis Ábalos. Planta cara a la dirección como solo antes se había atrevido a hacerlo Pedro Sánchez, con la salvedad de que ahora es Pedro Sánchez quien dirige y dicta las órdenes y su exministro quien las desobedece. Salvando las distancias y el contexto, es como si se estuviesen administrando entre ellos dosis de su propia medicina. 

Dice Ábalos que si no dimite como diputado es para no acabar su carrera política como un corrupto. Se siente inocente. Mariano Rajoy sintió lo mismo tras la sentencia de la Gürtel y antes de la moción de censura del 2018, así que tampoco dimitió. Hubiera salvado el gobierno para su partido, con Sáenz de Santamaría como presidenta, pero lo acabó hundiendo en un pozo del que no salió hasta las últimas elecciones municipales y autonómicas. El efecto de la no dimisión de Ábalos está por ver, pero de momento tampoco parece que le siente nada bien al PSOE. 

Quien sí dimite, en diferido, es Valentín González Formoso. Anuncia que se irá, asumiendo toda la responsabilidad del peor resultado de la historia para el socialismo gallego, pese a no haber sido el candidato. Y en paralelo señala como su sucesor inminente a quien fue el candidato. Una solución que, con el tiempo, tal vez se revele acertada, pues cierto es que al partir del peor resultado de la historia el margen de mejora también es el mayor de la historia. 

El voto prestado es un clásico de las terapias postelectorales. Consuela, pero no resuelve nada. Halla su lógica en que el concepto lleva implícita la garantía de devolución. Y cierto, entre la gente de bien reina la máxima de que todo lo que se presta se devuelve... salvo el voto. El que se va puede retornar, claro que sí, pero para que eso ocurra hay que merecerlo. Y ahí está el verdadero desafío del PSdeG: merecer que los miles de votos que se le fueron al BNG, al PP o se quedaron en su casa regresen más pronto que tarde para que dentro de tres años, en las municipales, no se lleven también por delante a sus alcaldes y alcaldesas o, en el mejor de los casos, los conviertan en tenientes de alcalde de regidores y regidoras del BNG. 

Esta última es en realidad la titánica tarea que tiene por delante el socialismo gallego bajo el liderazgo de quien sea su próximo secretario o secretaria general: en primer lugar, hacer la obligada reflexión y autocrítica para, a continuación, construir un proyecto progresista galleguista que seduzca de nuevo al electorado de izquierdas no nacionalista e incorpore a una parte del votante de centro, que así fue como Touriño llegó a los 25 diputados sin que el BNG bajase de 13.

El tránsito no es fácil ni rápido, ni tampoco sencillo el tratamiento, pero seguro que no será eficaz si previamente no se produce un diagnóstico certero de lo ocurrido durante los últimos años y que desembocó en el resultado del 18-F.

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