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¿Y ahora qué, alcaldesa?

LA PREGUNTA del millón en estos momentos en el Concello de Lugo es: ¿Y ahora qué, alcaldesa?

La oposición acaba de dejar dar portazo a los planes para el sistema Ora de un gobierno socialista cada vez más arrinconado y que durante un mes tendrá tan solo a seis efectivos, después de las renuncias de dos concejales. Y aunque a primera vista el ejecutivo de Lara Méndez se muestra indolente, los gestos al menos de los grupos que posibilitaron la investidura de la socialista dejan entrever que la soledad puede durar mucho tiempo y no solo en este asunto, a menos que el gobierno dé los pasos necesarios para reconducir un divorcio con el resto de la izquierda del que está sacando partido el PP.

Las distancias entre el PSOE y sus potenciales aliados -Lugonovo y BNG-, más que por cuestiones ideológicas, parecen estar marcadas por lo que desde la oposición se denomina como «herencia de Orozco» y que tienen que ver con el futuro de los cerca de 40 servicios privatizados que hay ahora en el Concello. La Ora es una de esas patatas calientes que dejó el anterior gobierno y, aunque hay otras muchas, el equipo de Lara Méndez quiso empezar por este asunto con la mediática decisión de suspender la concesión, aunque errando en la estrategia de no consultarlo antes ni siquiera con los portavoces de los grupos ‘amigos’. De ahí al abismo había solo unos pasos, los mismos que parecen haberse dado desde entonces hasta llegar al pleno del jueves, en el que el PSOE tuvo que apelar al drama personal de los trabajadores de la Ora que se fueron al paro para defender una readjudicación del servicio. No coló y, además, la publicación de una nota de prensa maniquea en la página web del Concello acabó por crispar a la oposición, algunos de cuyos miembros aprovecharon la tesitura para sobreactuar y convertir la sesión plenaria en un vodevil.

No será la primera ni la última vez, porque en los agotadores plenos -el de ayer duró cerca de diez horas- algunos concejales demuestran en ocasiones desconocimiento o quizá falta de respeto por la formalidad y el orden que debe regir un foro de este tipo.

Pero al margen de las alharacas de los protagonistas, tras el pleno quedó demostrado que, en el fondo, está todo por hacer y por decidir en este Concello postOrozco. En el caso de la Ora, porque el mandato que tiene el gobierno es el de iniciar la municipalización del servicio, un proceso que puede tardar como poco año y medio y que depende de un cambio legislativo que permita a los ayuntamientos contratar nuevo personal. Eso sí, la alcaldesa tiene capacidad para convocar de nuevo el concurso a través de la junta de gobierno, a expensas de encolerizar aún más los ánimos entre quienes facilitaron su investidura.

No es el único asunto abierto, porque el jueves se dio un nuevo paso hacia la municipalización del ciclo del agua, un asunto que también precisa de capacidad de maniobra del gobierno. Y es que debe decidir qué hacer con los contratos de la depuradora y la potabilizadora caducados desde hace años en tanto no se consigue conformar una plantilla municipal capaz de gestionar un servicio fundamental del Concello.

Además, en el pleno anterior se había instado al gobierno local a iniciar la municipalización de la grúa, un servicio que a diferencia de la Ora es obligatorio mantener y cuyo contrato finaliza el 30 de noviembre. El gobierno local puede también obviar el acuerdo plenario y recurrir a la prórroga prevista en el contrato, aunque a riesgo de que la oposición le recuerde que se trata de una empresa, al igual que la de la zona azul, investigada en el caso Pokemon y que ingresa del Concello unos 50.000 euros mensuales por mantener el servicio.

Los presupuestos marcarán el camino

Pero si asuntos como la municipalización de los servicios, la aprobación de una nueva relación de puestos de trabajo o el control de las concesiones actuales siguen desde el mandato pasado sobre la mesa de la alcaldía, lo inmediato para el nuevo gobierno es sacar adelante sus primeros presupuestos, para lo que necesita la complicidad de al menos parte de la oposición para poder sacarlos adelante. Si no lo logra, aunque eso depende de la capacidad de los negociadores, a la alcaldesa solo le quedaría el recurso de presentar una moción de confianza vinculada a los presupuestos, tal y como hizo José López Orozco para sacar adelante las cuentas de 2009. Entonces, el BNG tuvo que envainársela para no entregarle la alcaldía al PP y, aunque ahora también resultaría difícil que los grupos de izquierda facilitaran la investidura de un regidor popular, el órdago parece más que arriesgado, teniendo en cuenta la situación de desconcierto que se vive en el Concello.

La alcaldesa Lara Méndez y sus asesores, que da la impresión que siguen todavía en ‘modo Diputación’, tendrán que maniobrar tras el batacazo de la Ora para intentar reconducir una situación que incluso ha dado alas a un Jaime Castiñeira que parecía estar en retirada, pero que todavía confía en aprovechar el revuelo en la izquierda del Concello para hacerse con la alcaldía.

La estrategia para el PSOE en el Concello tampoco debería de resultar compleja. Primero tendría que darles algo de cariño y protagonismo a la fuerza más próxima ideológicamente -Lugonovo- y al aliado de conveniencia -BNG-. Y después, acabar de romper con las ataduras del pasado, resolviendo los contratos municipales sospechosos y encarando los problemas que quedaron en el cajón. Claro que esto último puede levantar ampollas en el partido y ya está el patio demasiado revuelto.

¿Y ahora qué, alcaldesa?
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