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Una ciudad patchwork

Lugo creció como una unión de retales y los planes de urbanismo no mejoraron la estética

LUGO TIENE barrios cuyo crecimiento coincidió con etapas de bonanza económica y aunque la planificación urbanística ayudó a encaminar el desarrollo y alineamiento de edificios a lo largo del trazado viario de las nuevas rondas, la estética de la edificación o de las nuevas plazas y calles es la propia de una ciudad unida a base de retales quizá por una falta de intervencionismo del Ayuntamiento.

De hecho, aunque la administración dispone de servicios de urbanismo y arquitectura para interpretar normativas y autorizar o no nuevos proyectos, los gobiernos que tuvo Lugo en las últimas décadas no apostaron por una implicación política en el diseño de la ciudad y se entregaron al dejar hacer de empresas y pequeños propietarios. Y aunque llegó a tener en la etapa democrática alcaldes formados en la materia, como un arquitecto técnico, Vicente Quiroga, y un ingeniero de caminos, Tomás Notario, los nuevos barrios y unidades de actuación fueron impulsados por empresas promotoras sin que el Concello aportase nada en su diseño, limitándose a velar por el cumplimiento de la normativa urbanística.

Y aunque en algún caso hay que reconocer que el leseferismo aportó a Lugo espacios modernos y atractivos como Aguas Férreas, lo habitual es encontrarnos con torres de pisos afectando a edificios históricos como el seminario o rompiendo la línea de barrios populares, como ocurrió en A Piringalla.

El casco histórico, que llegó a ser calificado como el "más destruido de Galicia" por el Centro de Estudios sobre el Patrimonio Ambrosio de Morales, no es ajeno a ese caos estético a pesar de que los excesos se fueron limitando desde la declaración como conjunto histórico-artístico en 1973, como así apuntaba hace años en un estudio el profesor Francisco Fernández Lestegás. Aun así, las actuaciones urbanísticas en plazas y calles poco han servido para homogeneizar el recinto intramuros, aunque al menos se ha conseguido mantener intacto el burgo medieval, que sin embargo es ahora mismo la zona más degradada y la que precisa de más atención si se quiere conseguir que sea declarado Patrimonio de la Humanidad.

El gobierno local ya encargó a la Universidad que comience a reunir documentación para elaborar un dossier. Sin embargo, una mirada no solo al barrio de A Tinería sino a todo el entorno de la muralla no invita demasiado al optimismo para conseguir entrar en un club en el que en España solo hay 15 miembros y al que también quieren unirse ciudades como Ferrol, Zamora o Las Palmas de Gran Canaria.

Las primeras propuestas para conseguirlo proponen medidas a corto y medio plazo, como instalar lonas artísticas para cubrir solares o edificios degradados o elaborar una guía de intervención para rehabilitaciones o reformas viarias con un catálogo de mobiliario, materiales y colores. Pero quizá el objetivo no sea lograr un título de la Unesco, sino convencernos de que el patrimonio es una herencia que debemos legar intacta a la siguiente generación.

Colegio versus museo
Ciudadanos propone convertir en un colegio el cuartel de San Fernando y la federación vecinal respondió a esta propuesta con un comunicado en el que, además de tildar a este partido de "colectivo poco representativo de Lugo, con un punto de mira negativo para la ciudad", exige a la Xunta que reactive el paralizado proyecto de convertir el cuartel en museo para que Lugo sea centro de romanización del noroeste peninsular.


Más dinero para A Tinería
La Xunta anunció esta semana que destinará dos millones de euros para rehabilitar cuatro casas más en A Tinería. En una de ellas ya fueron licitadas las obras por 815.000 euros, mientras las otras están pendientes de licencia. También se asegura que en 2018 se retomará la paralizada unidad de actuación del Pazo de Doña Urraca, uno de los espacios más degradados del entorno de la muralla pese a ser de propiedad pública.


Camiño señalizado
La puesta en valor del Camiño Primitivo a su paso por el casco histórico de Lugo precisa den una mejora en la señalización. Aunque en algunos puntos existen placas en la calzada con la popular concha del peregrino o mojones como el de la puerta de San Pedro, sería necesario identificar todo el trazado, no solo para guiar a los visitantes, sino para mostrar a quienes por allí pasan de que se trata de una ruta milenaria.

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