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Lugo, un concello fallido

La renuncia de ediles, la falta de presupuesto o el atasco de proyectos crea un clima de caos

SI LIBIA pasó a ser un estado fallido tras la marcha de Gadafi, salvando las distancias entre un sátrapa y un alcalde demócrata, Lugo parece haberse convertido en un concello fallido dos años después de la renuncia de José López Orozco, de la que esta semana se cumple el segundo aniversario. El exregidor socialista fue obligado a abandonar por los dos socios naturales del PSdeG y sin que su partido pelease demasiado por defenderle frente a quienes pedían su cabeza. La principal consecuencia de aquella salida del gobierno tras 16 años es que los problemas enquistados durante su etapa, como los contratos caducados, el conflicto con el personal o la ralentización de la gestión, lejos de resolverse, parecen haberse complicado.

Y dos años después de esa renuncia, los otros dos cabezas de lista más votados en aquellas elecciones acaban de arrojar la toalla, en parte por las vicisitudes de sus respectivos partidos, pero quizá también porque ven el momento propicio para abandonar un barco a la deriva. Porque la marcha de Jaime Castiñeira y Santiago Fernández Rocha deja un vacío y un sentimiento de orfandad tan inquietante en sus grupos como en su día provocó en los socialistas la salida de Orozco, pero también acrecienta entre la opinión pública la idea de que algo raro está pasando en una casa común de la que todos parecen querer marcharse.

Y las ganas de entonar el Carmiña, dejo esto no solo están saliendo de la boca de los políticos, porque un veterano funcionario comentaba hace poco en privado que había tomado la decisión de prejubilarse porque, como confesaba, "este non é o Concello que coñecín cando entrei hai 35 anos". Se lamentaba además de que un ambiente con un personal desmotivado y un gobierno pusilánime no es el más adecuado para trabajar con el objetivo sacar adelante proyectos del Concello.

La imagen del descontrol se la llevó también el directivo de una concesionaria municipal que visitaba hace días el edificio administrativo y comprobaba a media mañana el trajín de entradas y salidas de coches de funcionarios del aparcamiento del seminario. "Eso en nuestra empresa no pasa", advertía a quienes defienden la remunicipalización de todos los servicios.

Porque aunque los políticos son los principales responsables de que una administración funcione mal, la actitud del personal puede ayudar a acrecentar el caos. Para muestra un botón: hace unos días, un concejal justificaba que tenía que salir corriendo de un acto hacia su delegación porque llevaba dos días esperando a que los funcionarios enviasen un contrato público al Boletín Oficial y no lo daba conseguido.

A Lara Méndez, a quien no se le reprochan las ganas y horas invertidas en su labor como alcaldesa, le quedan aún dos años de gestión de este concello fallido, con un presupuesto prorrogado, proyectos y contratos atascados, trabajadores enfrentados por la paga y una oposición en reconstrucción. Suerte.

Balseiro y la precampaña
"A precampaña das municipais empezou cando nomearon a Balseiro", comentaba un edil socialista hace días. Y es que el delegado de la Xunta, José Manuel Balseiro, que lleva seis meses en el cargo, afronta maratonianas jornadas que recuerdan a las del finado presidente Manuel Fraga. El miércoles estuvo en actos en O Valadouro, en Ourol, Ribadeo, Castropol y Lugo, y  el viernes sumó hasta seis eventos en su agenda.

Carballo reparte juego
Ramón Carballo logró repartir juego con la reorganización del grupo municipal del PP y a la elección de Antonio Ameijide como portavoz añadió el nombramiento de dos viceportavoces, Enrique Rozas y Ana López Pombo, quienes también habían sonado para el puesto de líder de la oposición. La decisión, aunque seguramente no contentó a todos, sí que consiguió de momento evitar una crisis interna.

El retorno de Rozas
El concejal popular Enrique Rozas recobrará tras la marcha de Castiñeira el protagonismo perdido en su grupo por el enfrentamiento con el hasta ahora portavoz y, sobre todo, por no contar con una dedicación exclusiva al Concello, lo que le apartaba de la actividad matinal del consistorio. A la espera del reparto de tareas, seguramente volverá a dar la batalla en temas que domina, como Policía Local o movilidad.

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