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La política, un oficio inestable

EL PLENO DE ORGANIZACIÓN de ayer en el Concello de Lugo, al igual que otros que se han desarrollado en los últimos días en varios municipios lucences, despejó una incógnita para los concejales y asesores que llevan semanas pendientes de su futuro debido a que han fiado su suerte o han convertido en oficio una actividad con tantos vaivenes como es la política.

Al final, el discurso electoral en el que se instaba a reducir el gasto político del Concello cuajó de forma parcial y aunque la nueva corporación lucense costará al año unos 220.000 euros menos que la de 2011, resulta curioso que de los 25 concejales lucenses, 18 vayan a cobrar un sueldo mensual del Concello -algunos a media jornada-, dos continúen en la nómina del Parlamento de Galicia y otra, previsiblemente, asumirá una de las dedicaciones exclusivas del nuevo gobierno provincial. Todos cobrarán de las instituciones, mientras que los cuatro ediles restantes, que son funcionarios, compatibilizarán sus trabajos con la labor de oposición y percibirán compensaciones por asistencias a plenos y comisiones.

Ediles y asesores viven días de tensión mientras los partidos negocian el reparto del pastel

Está claro que lo público todavía da para mantener sin estrecheces a las instituciones en este país y frente a otros como Grecia que están al borde del colapso, por estas latitudes, quienes se quieran dedicar a la política, saben que pueden tener en ella un modus vivendi, eso sí, a riesgo de quedarse en cualquier momento a las puertas del Inem.

Pero aunque la estabilidad laboral de los concejales o diputados es relativa, dado que durante cuatro años -cinco en el caso de los eurodiputados- tienen asegurado el salario, la de los asesores es mucho más frágil. Como son elegidos por los políticos que en ese momento cortan el bacalao, están a expensas de que sean de su agrado durante todo el mandato o sucesivos. Por eso, la suya es sin duda una profesión de riesgo y ni siquiera la posibilidad de que el partido para el que trabajan renueve el gobierno les asegura la continuidad, ya que si hay cambio de capitán, como ha ocurrido en el Concello lucense, pueden ser reemplazados por otros asesores con un argumento tan convincente como que el nuevo adjudicatario del puesto quiere traerse a su equipo de confianza.

De toda formas, en el caso de la corporación de Lugo, apenas ha habido cambios en los equipos asesores de los grupos municipales, mientras que en el gobierno, los movimientos se han limitado al personal más próximo a la alcaldía.

Bien diferente es lo que puede ocurrir en la Diputación, donde está fijado para el próximo martes a partir de las cinco de la tarde, el pleno de organización que también debe decidir el reparto de las dedicaciones exclusivas.

Después de la convulsa y peripatética sesión de investidura que otorgó el bastón de mando a la popular Elena Candia, no está claro quiénes serán los diputados liberados tanto en el gobierno como en la oposición, ahora integrada por un PSOE y un BNG divididos internamente.

En la Diputación, la presidenta y los portavoces de los grupos celebraron ya tres reuniones para tratar de llegar a un acuerdo sobre el gasto político

La presidenta y los portavoces de los grupos celebraron ya tres reuniones para tratar de llegar a un acuerdo sobre el gasto político de la corporación provincial y el lunes intentarán cerrar un pacto que se presume complicado.

La Diputación, en un contexto de crisis, había aprobado en 2011 una reducción del gasto político hasta los 1,5 millones y el bipartido de entonces había vendido que se rebajaba en un 25% los gastos del gobierno y en un 20% el coste de los asesores.

La intención del nuevo ejecutivo es no aumentar ese nivel de gasto e incluso reducirlo, aunque lo más complicado, sobre todo en el bando de la oposición, va a ser determinar quiénes serán los adjudicatarios de las dedicaciones exclusivas y qué asesores se elegirán.

Con un PSOE roto desde el ‘Martinazo’, un secretario provincial sin peso y un líder en Galicia aturdido por una imputación judicial que le puede dejar fuera de la carrera por la presidencia de la Xunta, lo mejor que podrían hacer los socialistas es hacer un sorteo para decidir a quién liberar para hacer la labor de oposición. En el BNG, donde hay menos a repartir, la actual división entre el partido en A Mariña y la comarca de Lugo también puede provocar fricciones a la hora de designar al personal de apoyo para una travesía en el desierto que podría durar, quien sabe, incluso cuatro años.

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