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Pobre Garzón, cuánta torpeza

La verdad es que al dirigente de Izquierda Unida y ministro de Consumo le están dando palos hasta en el carné de identidad. ¿A quién se le ocurre, a las puertas de la campaña electoral en Castilla y León, arremeter contra el sector ganadero, poniendo en cuestión en un medio internacional la calidad de la carne? Si no fuera porque la vacuidad de sus funciones como ministro le han llevado a decir y proponer una sarta de majaderías, se podría pensar que no sabe cuál es su papel y para que sirve su cargo.

Estaba el hombre tan encantado con su cartera el día de la toma de posesión en Moncloa, con su traje nuevo y su impoluta corbata. Uniforme que, por cierto, no se ha quitado desde ese día. Ahora se ha convertido en el chivo expiatorio de la oposición y en el material piroclástico de todos los mítines.

El PP y Vox piden su cabeza, sabiendo que una crisis de Gobierno supondría un grave quebranto del pacto PSOE/UP y que, en estos momentos, el único objetivo de Pedro Sánchez es aprobar la reforma laboral. Se puede apostar por una ganadería 'verde', por el respeto y la defensa de las granjas familiares, pero lo que no se puede hacer, en medio de la subida de los precios de combustibles, piensos y demás, es calificar como de mala la calidad la carne que exportamos y comemos todos. En dos palabras: le ha hecho la campaña al PP y, sobre todo, a Mañueco, que tiene que competir con la España Vaciada, pero llena de granjas.

Y los palos no solo le han llovido desde las filas de la derecha, también ha recibido fuego amigo (si es que se pueden considerar amigos a los presidentes de Aragón, Javier Lambán y Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page). Desde Toledo, Page recurrió a la mofa para descalificar al ministro de Consumo: "Cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo". Y es verdad que Alberto Garzón no tiene nada que hacer. Por eso se entretiene con las campañas sobre los juguetes igualitarios. Pero la responsabilidad es de quien creó el cargo para cerrar un pacto que le permitiera seguir en Moncloa.

Curiosamente ambos presidentes autonómicos del PSOE habían aprobado en 2021 sendas iniciativas para limitar la construcción y ampliación de macrogranjas, en un intento de "compatibilizar el sector económico y ganadero con las necesidades de sostenibilidad ambiental". Es decir, que sin necesidad de meterse en charcos, defienden lo mismo que Garzón: que las enormes explotaciones ganaderas, muchas con capital de grandes fondos internacionales, son antiecológicas.

Tiene pecado que una torpe declaración en un medio internacional (se comprende el entusiasmo del ministro ante el interés de The Guardian) sirva para que el PP compita con Vox por los votos del mundo rural, tan aquejado de abandono. Y la última torpeza del 'acusado' ha sido tratar de justificar sus palabras en una red social. ¿No tiene un miembro del Gobierno otra forma de responder a las críticas? A no ser que todavía no sea consciente del cargo que ocupa.

Pobre Garzón, cuánta torpeza
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