Opinión

Sietemesinos

A lo largo de la vida nos cruzamos con muchas personas. Unas pasan de largo como si de la brisa del mar se tratase y otras dejan huella.

Cuenta la leyenda que dos personas que estén unidas por el hilo rojo del destino permanecerán siempre juntas, pase lo que pase.

Puede ser porque los dos somos sietemesinos, tenemos menos orientación que una brújula sin aguja, la cabeza apepinada y se nos congela el cerebro cuando comemos helado, pero mi alma gemela es mi tío Luis. Y sí, es ‘mi tío Luis’ tal y como suena, porque nunca ha sido Luis a secas.

Es mi tío Luis desde que yo apenas levantaba un palmo del suelo y me acercaba al colegio en el Peugeot 205 rojo con la música de Ska-P a todo volumen. Siguió siéndolo cuando me llevó por primera vez al cine a ver el ‘Rey León’ o cuando cualquier trapito le servía para hacerse un disfraz y sacarme una sonrisa.

Y es que mi tío Luis siempre ha estado y sigue estando ahí 31 años después, en lo bueno y en lo malo. Aparece si la salud me da un sobresalto; me consuela si sufro mal de amores; nunca falta su alegría en mis celebraciones o su hombro para llorar en los momentos tristes.

No importa el tiempo, el lugar o las circunstancias, el hilo rojo invisible que nos une siempre sigue intacto.

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