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El caso que Nóos defraudó

Y LLEGÓ el viernes después de San Valentín, el día que todos conoceríamos la previsible sentencia del caso NÓOS protagonizado especialmente por el marido avaricioso de una Infanta de España cegada por amor, el señor Urdangarín.

Una sentencia que llegaba tarde tras casi 11 años desde el inicio del periplo judicial, cuestión que, por otro lado parece transformarse en norma habitual de la morosa justicia española a la vista de los hechos.

No sé si a ustedes les sorprendió, a mi no, y aunque no me encuentro capacitada para emitir un juicio desde el punto de vista legal, sí desde el punto de vista del ciudadano que puede creer que la justicio no es igual para todos, o mejor dicho, siendo igual, no repercute en todos de la misma manera.

En este juicio el Fiscal, es decir representante público y nada dudoso de conocer la ley y su aplicación, le adjudicaba al ex duque una pena de casi 19 años y por encima de la de su socio, pues bien, el resultado tras haberse conocido la sentencia se reduce a un tercio de la misma y por debajo de la de su compañero de “andanzas”.

Dicen los que más saben de esto que la sentencia ha sido ajustada a Derecho sobre todo teniendo en cuenta los artículos del Código Penal 21.5, referente a la reparación del daño, y el 65.3, referido al criterio del tribunal.

El resumen del resumen es siempre el mismo, “Poderoso caballero es Don Dinero”, y si a ello le añadimos lo de ser el marido de quien es, pues una vez más demuestra que si uno tiene posibles, y por ende acceso a un gran bufete de abogados especializado en ingeniería legal, puede salir “airoso” de un juicio que pintaba mal; y con un poco de suerte, ya que la sentencia es recurrible, no ir a prisión, aunque en caso de tener que ir, no sería su situación igual a la de otro reo. Tampoco aquí el tratamiento es justamente el mismo para todos.

Desde 2001 existen módulos de respeto en todos los centros penitenciarios, y para los que no estén familiarizados con el concepto, que no lo tienen por qué estar, decirles que estos espacios son unas unidades de separación interior dentro de un centro penitenciario, cuya finalidad es lograr un clima de convivencia y máximo respeto entre los residentes del módulo.

En ellos el interno deja de vivir el módulo y sus normas como “algo impuesto” para considerarlo como “algo propio”, participando en la vida, las tareas y las decisiones del módulo, a través de grupos de trabajo y comisiones de internos.

Estos dos días me he empapado mucho sobre lo que se ha escrito de esta historia, y recuerdo y cito una referencia sobre los presos VIP, en donde decían que se toman la cárcel como una temporada de retiro monástico, que aprovechan para estudiar (como el ex alcalde de jerez, Pedro Pacheco), escribir (como Luis Bárcenas), hacer deporte (como José María del Nido), meditar (como Mario Conde), y tener buen comportamiento para que te descuenten tiempo de condena (como casi todos), y que quizá tuviesen acceso a un psicólogo penitenciario o un más actual coach que les pudiese preparar mentalmente y hacerles ver que su paso por prisión es una oportunidad de crecimiento personal, y que en base a una condena como la impuesta al señor Urdangarín, en menos de lo imaginables está saliendo los fines de semana, y pronto durmiendo en casa, eso si no le concediesen un indulto, cosa harto difícil en este caso.

No creo que nadie pueda llegar a tomarse eso así, ni tampoco a tener la vida de antes a la salida, tal y como decían en “Crematorio”, la obra de Rafael Chirves posteriormente llevada a televisión, “Si te espera dinero fuera, la cárcel es menos cárcel. Es un retiro cartujano. Pagas por tus pecados, y luego vuelves a la vida de antes”.

Yo no le deseo ningún mal al señor Urdanagrín ni a nadie, pero lo que sí es cierto es que “en el pecado está la penitencia” y estos 11 años no debieron de ser fáciles de llevar, ni mucho menos.

Pero tampoco puede irse de rositas porque sus fechorías han producido muchos daños colaterales, y eso nos repercutió a todos los españoles.

En la mente de todos está aquel mensaje de Navidad del hoy Rey Emérito y excelente Rey Juan Carlos I, cuando nos advertía que la justicia era igual para todos, como un preludio de esta investigación y de una sinfonía de réquiem que tuvo su momento álgido aquel 2 de junio de 2014 cuando anunciaba la abdicación en su hijo.

Aunque la procesión iría por dentro, no puedo dejar de mencionar el comportamiento ejemplar del no menos excelente Rey Felipe VI, el cual supo gestionar en acierto lo que rodeaba a esta triste historia, y supo hacer un punto y aparte a tiempo con el matrimonio formado por su hermana y el ínclito. Y este pasado viernes, y con una serenidad solo digna de los que han nacido para reinar, a la misma hora que se daba a conocer en Palma la sentencia del caso NÓOS, Su Majestad cumplimentaba al presidente de Hungría cumpliendo con sus obligaciones de Estado como cualquier otro día. ¡Majestuoso! Y nunca mejor dicho, señor.

Solo espero que las aguas vuelvan a su cauce, y aun en este momento triste para la Corona, la institución querida y valorada por la mayoría de los españoles encuentre elementos de fuerza, y poco a poco se vaya diluyendo el caso que NÓOS defraudó.

El caso que Nóos defraudó
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