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Carnaval

DICEN LOS historiadores y eruditos del Carnaval, que tiene su origen en la antiguo Egipto con las celebraciones entorno al dios Apis, o incluso, en la antigua Sumiera, hace más de 5000 años. Ahí queda eso, pero sin duda en lo que todos coinciden es como ha llegado hasta nosotros, probablemente con la romanización de Europa, y a través de la tradición de las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas. O como llegó a América, siendo llevado por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

Precisamente la denominación de Carnaval, se debe al término latino carne-levare , es decir, “abandonar la carne”; ya que los creyentes cristianos la comían por última vez para ayunar los 40 días posteriores, en los que se recuerda el tiempo que pasó Jesús en el desierto, además de los 40 días que duró el diluvio universal. Por ello en los días previos al inicio de la Cuaresma, ese período de cuarenta y seis días desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, se celebra esta gran fiesta.

Es ésta, una celebración de lo más variopinta a lo largo y ancho del Globo, y combina desfiles, fiestas y pasacalles con una característica común, los disfraces, y la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. De ahí el uso de las máscaras para perpetuar el anonimato de los menos atrevidos a la hora de dar la cara; aunque también, como ocurre en la celebración veneciana, para significar un cierto halo de misterio.

Pero recordemos, la tradición del uso de la mascara viene del Dios Momo, (personificación del sarcasmo, burla y agudeza irónica en la mitología griega), y solo se la quitaba para revelar su identidad tras haber cometido una de una de sus crueldades.

¿Causalidad, casualidad?, no lo tengo muy claro. Lo que sí tengo, es lo que está sucediendo, que alguno ha comprado un cierto nú- mero de caretas, que se las pone según al baile que acuda, y que además es Carnaval.

Y me imagino que sabrán a quien me refiero, ya que en mi humilde opinión, eso es lo que está haciendo el señor Pedro Sánchez. Jugar a ser Momo, pero sin haberse quitado la careta todavía.

En el gran baile de máscaras que ha organizado para negociar, a la desesperada todo sea dicho de paso, su sillón como Presidente del Gobierno de España, ha mandado que le confeccionasen unas cuantas. Yo hasta el momento le he visto cuatro.

La primera la utiliza en Ferraz. ¿Recuerdan ustedes cuando el otro día se dirigía a la nación escenificando un mal papel del inolvidable JF Kennedy, dejando claro que era el salvador de España?; pues me refiero a esa; sí, la del gesto de no me lo creo ni yo.

La segunda, es la que se pone cada vez que le preguntan por qué no se sienta a hablar con el partido más votado en las elecciones del 20 de diciembre, el Partido Popular. Sí, esa que usa más a menudo y que deja patente un gesto de desprecio y altanería.

La tercera de ellas se inunda con un gesto vacilante. No se yo muy bien como describirlo, pero si sé que es la que menos me gusta de todas. Esa se la hicieron para acompañar al baile al que le exige ser vicepresidente del gobierno. Sí, la que pone cuando se dispone a interpretar la pieza correspondiente, de la mano del individuo con coleta que pretende desgarrar la camisa de la esperanza de España.

La cuarta quizá sea la de la expresión más amable, y la usa para sus danzas con Rivera. Ahí plantea una posibilidad de colaboración gubernamental cuerda, pero no, sin anunciar si deja de lado posiciones poco claras que envían guiños a los que creen que pueden, adláteres e independentistas. Espero y confío que el jefe de Ciudadanos no caiga rendido a sus pies. Por el bien del chaval y por el de todos los españoles.

De esos guiños y arrumacos, ejemplos no hay pocos. Recordemos la barbaridad del préstamo de senadores socialistas para ayudar a formar grupos a los independentistas en la Cámara Alta; y no olvidemos los sinfines de gobiernos municipales que han puesto en manos de los seguidores de Iglesias, como el de Madrid.

Y llegado a este punto, no tengo palabras para calificar lo que hicieron desde ese consistorio con otro Carnaval, el Infantil. Sí, señoras y señores, el gobierno municipal de la señora Carmena utilizó una sesión de títeres para lanzar consignas descerebradas (pero que son las suyas) a los niños, los cuales salían llorando por los asesinatos, ahorcamientos, etc., y que con pancartas Gora Eta adornaban el guión del espectáculo dantesco de marionetas. Esto ya ha rebasado lo impensable. ¡Ay si estoy yo allí...!.

Pues lo dicho, centre su proyecto Señor Sánchez, y abandone la idea de ser presidente. Es lo que la mayoría, dentro de su casa y desde fuera le estamos pidiendo.

Espero que no encargase más máscaras. Y aunque quedan muy pocos días para el miércoles de Ceniza, esperaré. Quizá el señor Sánchez se quede sin caretas, cuando acabe el Carnaval.

Espero que sea sensato y no piense en usted, que piense en España..

Mientras tanto, olvidemos esas caretas partidistas y partidarias, y demos rienda suelta a la fiesta y disfrutemos el ¡Carnaval!

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