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Ya es hora de la Ora

JULIO DE 2015. En esa fecha celebré la supresión de la Ora en Lugo casi como la victoria de España en el Mundial de Suráfrica. Estaba harta de los vigilantes, que en muchos casos no daban ni tiempo a ir a sacar el tique, en su celo por multar; del excesivo precio por hacer uso de la zona azul y de la forma de cobro en la que siempre ganaba la ‘casa’ —como en los casinos, vamos—.

Junio de 2017. Donde dije digo, digo Diego. Tal cual y sin aspavientos. Quiero, ruego y deseo que vuelva la Ora. A ser posible, con las mejoras correspondientes para subsanar aquellos aspectos que me hicieron detestarla.

Hoy, casi dos años después de su supresión, imploro su vuelta. ¿Por qué? Muy sencillo. Aparcar en el centro es más bien una de las ‘misiones imposibles’ de Tom Cruise. Resulta irrelevante que sea en horario de mañana o de tarde.

¿Es impresión mía que ahora hay más coches en el centro? ¿Será que al ser gratis no hacemos un uso racional del coche? ¿Será que al no tener que pagar todos aquellos ciudadanos que alquilaban garajes dejaron de hacerlo y ahora ocupan plazas durante horas?

Si la respuesta es afirmativa a todas ellas, están en su derecho. No es delito ni pecado utilizar el coche en una ciudad donde en el centro, salvo el cogollito de Lugo, las calles son aptas para vehículos a motor.

La cuestión es que faltan plazas de aparcamiento. No hace falta ser Einstein para ver que son insuficientes a todas luces. Una evidencia también para el gobierno local, a tenor del anuncio realizado el 9 de marzo cuando se comunicó que estaba previsto abrir al público el párking del viejo seminario y otros siete más repartidos por el resto de la ciudad.

Me llevé un alegrón, que, bien es cierto, me duró un telediario. Desde entonces pasaron tres meses y seguimos en las mismas. Y yo me pregunto: ¿Qué obra hace falta para habilitarlo para ese fin? ¿Asfaltar?, ¿quitar una verja? ¿qué?

Mientras las soluciones no llegan, los agentes de la Policía Local cumplen con su función de multar con una fruición que me tiene anonadada. Si no lo han multado ya, está al caer. Tiempo al tiempo, tarde o temprano llegará su hora.

Aviso: lo hacen sin dejar nota. Usted vivirá en la más absoluta ignorancia hasta que llegue una carta a su domicilio por correo ordinario con la ‘broma’.
Minutos antes de escribir estas líneas amigos y conocidos me contaban, delante del colegio, como los habían ‘cazado’. Las multas caen como moscas.
Y para que a mí no me multen, pido la Ora

Ya es hora de la Ora
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