Opinión

¿Tongo televisivo?

Apesta a chamusquina en Masterchef. Y no es un solomillo Wellington que se está carbonizando en el horno, precisamente. El concurso culinario parece un suflé a punto de desmoronarse por culpa de un calentón, el de Patricia Conde sin ir más lejos.

El programa está en la picota por sospechas de manipulación, y no es la primera vez. Los elegidos firman unos contratos draconianos —como en todos los reality, no nos engañemos—, que incluyen penalizaciones severísimas en caso de revelar interioridades de la gallina de los huevos de oro. Pero, hete aquí, que llegó Patricia Conde y rajó: compañeros que se drogan, apagones aposta del horno... 

A Masterchef le ha salido un Pepito Grillo y nada volverá a ser igual. La sombra de la sospecha se cierne sobre el concurso, y ellos lo saben. Nadie ha salido en defensa de Patricia Conde, es cierto, pero quién lo haría después de haber sembrado la duda sobre todos ellos. Unos más que otros, también es cierto. 

El único que le echó un capó fue El Sevilla, un exconcursante: "‘Ole tú, Patricia’. Se ha atrevido y ha sido valiente". Oído cocina.

Pensé, ilusa de mí, que imperaba el fair play, sin los malos rollos de Supervivientes, y va a resultar que todo es lo mismo con diferente envoltorio.

Menos mal que siempre nos quedan descubrimientos como el de Manu Baqueiro, más allá de Amar en tiempos revueltos. No ganó, pero el premio al más riquiño se lo lleva. Y de imagen también se vive, ¿verdad Tamara?

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