Opinión

Un Lannister en Ourense

Jácome y Collboni, por citar a dos, está claro que no padecen del corazón. Si fuese así, a estas horas, estarían en el área de Reanimación de sus hospitales de referencia.

Las investiduras en los ayuntamientos siempre deparan sorpresas, pero el caso de Ourense es digno de un estudio sociológico. Creo sin temor a equivocarme que Pérez Jácome va camino de convertirse en un icono pop. Es el alcalde más peculiar y singular de toda Galicia, que ya es decir. 

Y que me perdone Abel Caballero. Otro que se hace el gracioso usando un inglés macarrónico cuando en realidad habla la lengua de Shakespeare de forma exquisita y fluida, como se precia cualquier exalumno de la Universidad de Cambridge.

Jácome no sé si domina el inglés, pero lo que está claro es que habla, visto lo visto, latín, griego y arameo. Mucho deberían reflexionar sus rivales, que tienden a menospreciarlo. Craso error, como muchos saben hoy.

Pocos volvían a apostar por su reelección, después del culebrón de su accidentado mandato. Pero sufre Jácome el síndrome de La 2. ¿Saben cuál es, no? Todo el mundo la ve, pero luego tiene unas audiencias ínfimas.

Pues a Jácome nadie reconoce votarlo —será porque creen que está mal visto—, pero luego resulta que saca diez concejales. Y eso queridos no es fruto de la casualidad. Nunca lo es.

Es evidente que cuenta con apoyos en la ciudad, no todos son detractores, por cierto, públicos y notorios. Pero una cosa está clara, tiene un instinto de supervivencia brutal. Sería un concursante de un reality que no tendría rival.

Este Lannister ourensano renunció a la Diputación, a favor del PP, a cambio de que estos favoreciesen su reelección. 

A mí Ourense ni me va ni me viene, ni tengo vínculos afectivos ni profesionales, pero estuve pendiente de ese pleno como si de una partida de Magnus Carlsen se tratase. Hasta que llegó el jaque mate.

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