Opinión

No es país para ultras

09 JUNIO 2024
photo_camera Papeletas el 9-J, día de las elecciones europeas. EUROPA PRESS

Galicia ha vuelto a demostrar una vez más que será un país para viejos, pero, desde luego, no para ultras. La única comunidad autónoma española donde Vox, el partido de extrema derecha, no tiene representación en el Parlamento ha vuelto a ser un verso libre.

Mientras en Europa los postulados de los partidos liderados por Marine Le Pen y Georgia Meloni crecen en votos y popularidad, al igual que en Austria y Alemania, Galicia ha resultado ser una pequeña Galia para las ideas ultras.

A los datos me remito: Vox ha perdido 7.869 votos  en los últimos cinco años. Esa ha sido exactamente la merma entre 2019, cuando el partido de Abascal convenció a 56.092 gallegos, y este domingo, cuando recibió el apoyo de 48.223 de los 2,7 millones llamados a votar en las europeas.

¿Y qué decir de Se Acabó la Fiesta? Pues que en Galicia ni siquiera empezó. Aquí ha quedado claro que el invento del agitador ultra Luis Alvise Pérez no comulga ni convence. 

De idiosincrasia conservadora desde el pleistoceno y más allá, contradictorios e indecisos —ya saben, todo depende—, poseemos los gallegos, por si fuera poco, un superpoder vital en estos tiempos: el sentidiño.

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