Opinión

El ojo de Meisel

PRIMERO FUE Peter Lindbergh, y ahora Steven Meisel. Salibo solo de pensar qué vendrá a continuación de la mano de Marta Ortega a A Coruña. Una retrospectiva de Richard Avedon? O quizá de Helmut Newton? O mejor aún del provocador David LaChapelle? Y por qué no Annie Leibovitz?

Fue, precisamente, una exposición de esta última en la Casa de Vacas en Madrid —allá por los noventa— cuando caí rendida ante el arte de la fotografía. Ante mí desfilaron Whoopi Goldberg metida en una bañera llena de leche —el contraste entre su piel de color del ébano y la blancura de la leche es brutal—, o un jovencísimo Leo DiCaprio acunando un cisne, cuya cabeza envolvía su propio cuello.

Descubrí un arte que se nutre de todas las demás: la arquitectura, la geometría, la pintura o la literatura. Después de 23 años en el periodismo cultural, cuando me preguntan si tal escritor/pintor/fotógrafo es bueno o no siempre contesto lo mismo: "Si a ti te gusta, para ti lo es".

Quizá usted nunca haya escuchado el nombre de Steven Meisel —no es obligatorio—, pero les puedo decir que sus imágenes hablan. No son simples reflejos de una estética o del rostro de una top model. Hablan de moda, pero también de belleza y elegancia. 

Hoy viernes, si leen estas líneas de mañana, con suerte estaré en A Coruña con él, mejor dicho ante él. Siento curiosidad por un encuentro con uno de los grandes de la fotografía contemporánea. Y, si no está, estarán sus fotos.

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