Opinión

Bares, qué lugares

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photo_camera Barra de un bar. EUROPA PRESS

Un pueblo sin un bar está desahuciado. Lugar de socialización, punto de encuentro y desencuentro de los vecinos —en los lugares pequeños eminentemente hombres, ahí los tópicos siguen pesando— y refugio de solitarios, en muchos sitios han pasado a mejor gloria.

Son esas pequeñas, o minúsculas localidades, donde se han jubilado los antiguos propietarios o concesionarios, que han bajado la verja esperando un relevo generacional que no se produce.

La desesperación, el aburrimiento o la soledad, o un poco de todo, acaba haciendo mella en los pocos habitantes de la España vaciada, entiéndase como tal Teruel, Zamora, Guadalajara o Lugo. Tanto da.

Ante dramática carencia, los vecinos ya no piden una parada de Ave —eso sería directamente ciencia ficción— ni un centro comercial (para qué o para quién, dirán ellos). No, ellos lo que quieren es un bar abierto, una cantina y un lugar donde hablar con alguien, ver un partido de fútbol y tomar un chiquito.

No conformes con su destino, en Hontanar, un pueblo de apenas 130 habitantes ubicado en los Montes de Toledo, ofrece vivienda gratis a quien se encargue de gestionar el único bar y que también hacía las veces de centro de día porque llevaba la comida a domicilio a los ancianos con problemas de movilidad.

Idéntica idea de ofrecer casa gratis han tenido en Irueste, un pequeño pueblo de Guadalajara, situado en pleno corazón de La Alcarria y a tan solo 25 minutos de la capital, donde han lanzado un SOS para buscar una persona o familia que gestione su bar municipal.

Ya ven, hoy cuando salgan a la calle, imagínense su aldea, pueblo o ciudad sin ningún bar. Eso no me dirán que no es un auténtico drama. Siempre he pensado que la sociedad española no explotó durante las sucesivas crisis sociales y económicas por los bares, que ejercen como una consulta del psicólogo. Ay, si los camarer@s hablasen.