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Chivatos

RECUERDO QUE al menos en una ocasión estuve castigado en el colegio por culpa de las palabras acusatorias de un malsín. Después volví a estarlo por agradecerle convenientemente su declaración a favor de la comunidad educativa. Es curioso, pasado el tiempo no soy capaz de recordar exactamente por qué fui reprendido la primera vez a causa de las confidencias de aquel antiguo compañero de pupitre al cuerpo docente. Ahora bien, sí sé porque me fue impuesta una segunda penitencia. Básicamente, por atizarle en los morros durante el recreo. Ojo por ojo, diente por diente. Como diría José Mota, «ahora vas y lo cascas». No sé si las cosas han cambiado mucho o poco en los patios de los centros educativos, pero en aquellos tiempos esas cosas se solucionaban muchas veces así, en plan rústico. Bien es cierto que rara vez la sangre llegaba al río. Quizás esté equivocado, pero hasta ese tipo de arreglos se hacía entonces de forma más sana. Después de algún tiempo cruzándonos miradas torvas en las zonas comunes, delator y delatado llegamos a ser casi amigos. Mis padres ni siquiera fueron advertidos en aquel momento de tan desafortunado incidente. Mi breve carrera como alumno pendenciero finalizó con el correspondiente correctivo por parte del profesor de turno. Es probable, incluso diría que muy posible, que me cayese un pescozón, por gañán y macarra. Alguno que otro tengo llevado. De escaso efecto pedagógico, podría añadir.

Como mi memoria flojea en ese punto, a estas alturas, casi tres décadas después, no sabría decir si el chivato en cuestión tenía o no motivos para delatarme, más allá de una evidente aversión personal. Tampoco si con su incontinencia verbal realmente provocó un beneficio importante para la comunidad educativa de mi pequeño y añorado colegio rural, aunque sólo fuese de un modo ejemplarizante. Un aviso para que otros no cayesen en el mismo pecado que servidor cometió el día de autos en el aula de sexto o séptimo de EGB. Del mismo modo, tampoco podría asegurar si aquel primer correctivo, aplicado por su infantil traición, fue decisivo para mi formación personal y para encauzarme por el recto camino de la bonhomía. Es una lástima que sólo recuerde que, en aquel momento, no acerté a ver la situación desde un prisma tan razonable y me dejé llevar por el más primario de los instintos. En resumen, por darle una buena hostia. O dos, pero pequeñas.

Una propuesta del BNG convertiría a los ciudadanos en delatores de faltas de urbanidad

El paso del tiempo, en cambio, ha conseguido que aprenda a valorar la función social que, sin duda, ejercen en determinadas circunstancias chivatos, denunciantes y delatores. Influye en mi discernimiento, sin duda, la profesión que, con buen o mal juicio, he elegido para ganarme el sustento. A fin de cuentas, algunos diccionarios de sinónimos equiparan conceptos como soplón con informador. En el pecado, a veces, llevamos la penitencia.

El candidato del BNG a la Alcaldía de Lugo ha presentado una propuesta electoral para convertirnos a todos en chivatos. En residentes acusicas. Rubén Arroxo anunció que si llega a gobernar pondrá en marcha un sistema «efectivo e inmediato de foto-denuncia». Por lo que ha explicado, se trata de que los ciudadanos hagamos uso de la cámara que llevan incorporada la mayoría de los teléfonos móviles para informar al Ayuntamiento de las múltiples manifestaciones de incivismo con las que convivimos a diario. Una manera de que los propios afectados podamos delatar la falta de urbanidad que exhiben sin pudor determinados individuos ante quienes deben tomar cartas en el asunto.

La idea, así presentada, no está mal. Ahora bien, plantea unas cuantas dudas y obligaría a adoptar una serie de cautelas. La condición humana podría convertir este sistema en una herramienta de gran utilidad para cizañeros, pendencieros, envidiosos, amargados y seres vengativos o ruines. También en un pasatiempo para individuos desocupados. Por otra parte, si esas denuncias no tienen efecto legal y tampoco consecuencias para los cafres, se convertirían en una forma, fina y sutil, de darles en los morros a los chivatos.

Con ninguno o con cualquiera

EL CANDIDATO de Ace-EU, Carlos Portomeñe, sostiene que «nunca» pactará con «el bipartidismo» para que haya un alcalde socialista o del PP. La candidata de Ciudadanos, Olga Louzao, dice que la decisión de los electores debe ser respetada y, por lo tanto, tiene que gobernar en el Ayuntamiento la lista más votada. También asegura que su formación tiene ideas de izquierdas y de derechas, por lo que puede dialogar con cualquiera. Interesante saberlo por si alguno llega a tener la llave del gobierno, algo no descabellado.

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