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Animales sociales

▶Cruzamos los dedos para que el enésimo proceso de desescalada sea realmente el último

EL HOMBRE es un ser social por naturaleza. Lo dijo Aristóteles. "Según la teoría del filósofo griego, la sociedad es por naturaleza anterior al individuo" y el que "no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios". Por reflexiones como esta, ese señor, que vivió hace más de dos mil años, es uno de los padres de la cultura occidental. Sin duda, podemos dar por buena tal aseveración. No obstante, soy consciente de que, entre nosotros, efectivamente, conviven tipos y tipas que son bastante más animales que sociales. Pero esos no cuentan para el asunto que nos ocupa en este momento.

Ahora que estamos avanzando en un nuevo proceso de desescalada, el enésimo desde que comenzó la pandemia, los seres sociales, aquellos que efectivamente dependemos de la relación con los demás para desarrollarnos plenamente en la vida, cruzamos los dedos para que este sea realmente el último. Estamos ansiosos de que aquellas palabras que pronunció, de forma tan anticipada como inconsciente, todo un presidente del Gobierno sean ciertas: "Hemos vencido al virus". Lo dijo hace casi un año. Es evidente que entonces se equivocó. La pandemia ha seguido dando por saco y todavía hoy seguimos padeciendo sus efectos, en la salud y en la economía, a la espera de que quede completado el proceso de vacunación. Han sido tantas las idas y las vueltas, los pasos adelante que nos han hecho retroceder, que ahora el personal no se fía. La confianza y la ilusión inicial de la gente han sido minadas por una realidad tan pertinaz como la sequía. Ya solo nos queda la esperanza. Que no es poco, en todo caso.

Parece que ahora sí, después de meses difíciles tras la celebración de las fiestas navideñas, empezamos a caminar, o a correr, cuesta abajo. Desde este sábado podemos reunirnos otra vez con nuestras amistades para cenar en casa de unas y de otros. Y hacerlo sin necesidad de mirar el reloj. Ya no hay límites horarios. Podemos tomar postre, y lo que viene después. Por supuesto, charlar y pasar el rato con toda esa gente a la que apreciamos y de la que nos hemos mantenido un tanto distanciados en el último año. No serán necesarias las videollamadas a la hora del vermú.

Podemos juntarnos en nuestras casas o ir a los bares, que ya pueden abrir hasta la una de la madrugada. Si no somos más de seis podemos reunirnos en el interior de los locales, aunque habrá que salir a las terrazas si tenemos "un millón de amigos" y somos capaces de congregar hasta a quince personas para tomar unas cañas. En julio abrirán incluso los locales de ocio nocturno. La primera prueba para reanimar a un sector moribundo tendrá lugar mañana en el Anagrama, uno de los establecimientos del casco histórico de Lugo. Menos de medio centenar de personas participarán en un ensayo que las obliga a presentar antes una PCR en saliva con resultado negativo. La mera demanda, si tenemos en cuenta los condicionantes y las restricciones que tendrá que cumplir esa gente, demuestra que hay ganas de volver a trasnochar. Como antes, como siempre.

Aunque todavía queda mucho camino por andar, hasta hemos podido animar a nuestros equipos en la fase final de una temporada diferente. Justo a tiempo. El apoyo de la afición ayudó a la postrera salvación del Club Deportivo Lugo y el aliento de sus seguidores ha impulsado al Breogán, que disputará la final para ascender a la Liga ACB.

No somos bestias ni dioses. Somos seres sociales. Necesitamos esas y otras cosas que el coronavirus nos arrebató en los últimos meses. Recuperar hábitos y costumbres. Cultivar afectos. Pero debemos hacerlo con sentido y responsabilidad. Todavía llevamos puesta una mascarilla que nos recuerda a todas horas lo vulnerables que somos. Salud.

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