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Lo importante es...

[CORTINA DE HUMO]

LEO EN una publicación de ámbito nacional que, cada vez más, los españoles valoramos "el sueldo emocional" por encima incluso del propio salario. Eso está muy bien, claro que sí. A fin de cuentas, ¿qué felicidad puede comprar ese dinero que antiguamente se nos ofrecía en consonancia al sudor extraído de nuestra frente? Ninguna, no hay más que leer algún libro de autoayuda o pasarse diez horas al día soldado al Disney Channel. Aspirar a una retribución justa es cosa del pasado. Lo que se lleva ahora es recibir una nómina exigua y dos besos del jefe, poder llevarte el trabajo a casa o disfrutar de tres días más de vacaciones al año en un bungalow compartido del cámping de Paxariñas. Y, claro está, bajo estas premisas de aceptación de la precariedad, de abandono de las más justas aspiraciones retributivas, de mínima conciencia colectiva ¿a quién le importa, realmente, el nombre del próximo presidente del Gobierno? A nadie: lo mismo da uno que otro.

Hagan la prueba. Sondeen por ahí. Bajen a la calle y pregunten al prójimo qué partido ofrece una solución más razonable a los graves problemas de nuestro sistema de pensiones, cuál se ocupará en los primeros cien días —pongamos doscientos, las prisas nunca fueron buenas consejeras— de acabar con los contratos basura y la precariedad laboral, quién apuesta por liderar la transformación de una economía anclada en los estándares de principios del siglo pasado, cómo se revierte la brecha salarial entre hombres y mujeres. Lo más probable es que se encuentre con pocas respuestas, seguramente porque no estará haciendo usted las preguntas adecuadas.

Porque, amigo mío, lo que nos jugamos en estas elecciones es tener banderas más grandes en las plazas, decidir el método de purga adecuado para resolver el problema de Catalunya, asegurarnos un puesto en la historia por luchar contra un dictador muerto o lograr que Amancio Ortega y Florentino Pérez nos envíen a casa una pequeña parte de su cuantiosa fortuna, preferiblemente en un sobre rosa de Hello Kitty. Nada excesivo, tampoco.

Recuerden que el dinero está sobrevalorado y lo importante ya no es tanto que nos lo den a nosotros como quitárselo a ellos: una especie de prima emocional a la inversa, en definitiva. De un modo u otro, parece que nos hemos plantado en ese punto exacto de la evolución en el que ya no importa tanto resolver nuestros problemas como asegurarnos de que no ser los únicos realmente jodidos.

Y es que, por resumirlo todo de un modo muy genérico, la cosa quedaría así: uno debe votar al PSOE para que no gobierne la derecha, al PP para que no gobierne el PSOE , a Ciudadanos para que no gobierne nadie, a Unidad Podemos para que cunda el desgobierno y a Vox para que empiecen cuanto antes los paseos a media noche y las rondas preliminares (no se apuren en exiliarse a Portugal, lo verdaderamente interesante no llega hasta los cruces de cuartos de final).

También puede usted votar al BNG, por supuesto, pero claro, ya se sabe: Otegui, Rufián, Jerry Adams, Chacal, Anton Chigurh, Lex Luthor... La campaña discurre en unos marcos de semejante infantilismo democrático que lo extraño es que el debate de este lunes no se celebrara en Nickelodeon o, lo que todavía sería más español, en Gol Televisión.

Recuerden que lo principal no es ya quién gane las próximas elecciones y para qué, sino quién querremos nosotros decir que ha ganado: lo importante, en definitiva, es que el día 11 de noviembre estemos todos bien.

Lo importante es...
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