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Ellas, las mujeres

HUBO UN TIEMPO en que, para votar al BNG, uno tenía que estar dispuesto a tragarse una buena bronca cada cierto tiempo. Fueron días de liderazgos malhumorados, de caras serias, larguísimas, en los que nunca se era lo suficientemente galleguista o lo suficientemente de izquierdas para contentar al gran líder de turno. Y aunque el carácter inconformista y combativo sigue siendo una de las señas de identidad del partido, parece evidente que algo ha cambiado para mejor en las formas de sus principales líderes, comenzando por una Ana Pontón que parece destinada a aglutinar, de una vez por todas, las mil y una sensibilidades del nacionalismo más heterogéneo del mundo.

Un buen amigo me había advertido de que es muy difícil no encontrarlos trabajando y, por una vez, no mentía. Cuando me presento en la sede local del partido, a la hora convenida, la estampa que me encuentro es la de un grupo de picabueyes que alzan la cabeza al unísono cuando ven emerger al hipopótamo. A todos se les nota la fatiga acumulada por una campaña que ya nadie sabe cuándo comenzó y, lo que es peor, cuándo acabará. Anabel Gulías lleva el S.O.S C.A.F.É escrito en la cara, Demetrio Gómez bosteza al tiempo que sonríe, siempre dispuesto a optimizar, y Carme da Silva da vueltas alrededor de la mesa como si hubiera decidido convertir la sala de reuniones en su gimnasio particular. Lleva un largo abrigo de cuero negro que le da un aire a Trinity, la heroína de Matrix, pero ni por esas se librará del repaso mundano a una agenda que le augura otra jornada movida: todo el santo día de aquí para allá. En eso están, con Demetrio cantando actos como un niño de San Ildefonso, cuando me fijo en una foto un Lores jovencísimo que me mira como si no me conociera de nada. "Que vello estaba Miguel de xoven", dice uno de los presentes leyéndome el pensamiento.

De ahí salimos hacia la playa de Lourido, donde tienen previsto celebrar un encuentro con la organización local de la Mobilización Polo Futuro do Planeta. El coche lo conduce Anxos Riveiro mientras la candidata al Congreso tira de anecdotario tratando de evitar lo urgente: que les pregunte por qué la parte trasera del coche está llena de botellas de agua vacías. "É o meu despacho de campaña", improvisa una María Núñez que es capaz de teclear en su portátil, preocuparse por el invitado y dirigir el tráfico de la provincia entera, todo al mismo tiempo: "¡Non poñas os intermitentes, oh! ¡Total para qué!", le dice al conductor de un Hyundai gris que se incorpora al tráfico rodado de la nada, sin señalizar sus intenciones. No puede evitar pensar que, en otro tiempo, en aquellos del BNG enfurecido, le habrían tirado las botellas de agua al parabrisas por imperialista.

Al encuentro con los ecologistas se presenta el alcalde Lores con un jersey verde, siempre atento a los detalles, pero mi objetivo es tomarle la medida en las distancias cortas a una Ana Pontón que no hace más que recibir felicitaciones por su embarazo: "É a primeira campaña na que engordo". Con ella, Carme da Silva, Anabel, Fouces, Pilar Comesaña y otras muchas concelleiras nacionalistas compartimos una especie de mesa redonda en la que se pone de relieve una de las fortalezas de este nuevo BNG: ellas, las mujeres. Gran parte de las aspiraciones electorales de la formación, tanto en estas generales como en las inminentes autonómicas, cristalizarán en femenino y ese es un factor muy a tener en cuenta, sobre todo ahora que se recrudece la ofensiva machista en defensa de sus privilegios amenazados. Toca despedirse y es difícil no desearles suerte para el presente y también para el futuro: por fin ha aparecido el BNG que, desde hace tanto tiempo, estaba esperando Galicia.

Ellas, las mujeres
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