Opinión

Petirrojo Petiño

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Es tiempo de cortejo político en la estación primaveral que nos ocupa. La naturaleza lo pide e igual que el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, coquetea con el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macrón, para seducir Europa, en Cataluña el aire huele a celo por ver quién pone la semilla gobernante. Mientras esperamos el acople y desenlace final el peregrinaje a Santiago se presenta como remedio y fórmula de condena y método de castigo en búsqueda de expiación de los pecados. El Camino Francés se le aparece a Puigdemont ante el abandono de Pere Aragonés, que ha resultado bendecido por la escasa virtud española de la coherencia con dimisión. Las conductas nos llaman para plantear, una vez más, si estamos ante una autonomía que avanza en progreso o una autodeterminación de minorías arrastrando incertidumbre.

Damos tiempo al horno para hacer el bollo y subimos a otro nivel. 

O Cebreiro es puerta de Galicia, mirador de altura para respirar, ver y sentir. Allí la nieve ha dado paso a brillos solares y los caminos inescrutables de buenos, generosos, y no tanto, llegan a oídos de un pajarillo que parece saberlo todo, estar expectante y practicar la escucha. Su sociabilidad desprende confianza en lo que le rodea y en este punto de Piedrafita do Cebreiro él se mueve con pedagogía en valores humanos. Y lo hace a salto de lo que es, un petirrojo bajo la mirada del padre Paco que le habla como Francisco de Asís debió de hacerlo a estas criaturas de la naturaleza. Si nos dejamos llevar por las leyendas esta ave trae mochila de buena suerte y es símbolo de cambios positivos que van a realizarse a corto plazo en nuestras vidas. Esta es solo una de las historias en torno a esta especie de pájaros que cuenta con el toisón de oro de la afabilidad y el diploma del canto alegre por estar a la altura del ruiseñor.

Petiño no es mascota del cura de O Cebreiro, es el arco iris que aparece, que acompaña, que se va, que te sorprende, que te hace sentir admiración, que te para y que terminas siguiéndole en su anillo de color. Tiene el gracejo del que se siente observado por bonito y la personalidad adquirida se cuenta en el registro local con fecha de la pasada navidad. Su presencia viene pareja a la figura del hombre religioso que cuida y da esplendor a la iglesia de Santa María la Real. Paco, hombre de sayal marrón que además de unirse a la zona ata su hábito en la cintura con el cíngulo, un cordón que aprieta con trío de nudos que vienen a recordar las tres reglas de la Orden Franciscana, la pobreza, la castidad y la obediencia. El pequeño insectívoro Petiño debe tener conocimiento de las normas y fiel a su estirpe come el pan mojado servido con mano de cuidador de peregrinos.

Desde 1330 metros sobre el nivel del mar esta comarca de Los Ancares se encumbra como el primer pueblo gallego del Camino Francés. Desde la zona del Vallespir, en el sur de Francia, muy cerca de la frontera con España, llega el aire de Puigdemont que anunció su marcha de la política sino ganaba.

El peregrinaje abre los ojos a caminos que no debemos pisar. Petiño lo sabe.

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