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España huele a pueblo

No todo el mundo es de pueblo, ni ha nacido en casa o se ha criado correteando entre maíz, flores silvestres y escuchando ranas cantarinas. En España lo mejor es el pueblo, aseguraba Antonio Machado. Para un sevillano como él siempre ha sido lo mismo porque en los trances duros los señoritos invocan la patria y la venden mientras el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con su sangre y la salva. El cambio de la cultura rural a urbana ha sido artificio suficiente para que ante el empaque de una tractorada el sentir generalizado se sensibilice unánimemente ante lo que supone la agricultura y la ganadería como base de toda civilización.

El campo, sin poesías, es un término productivo que exige serlo con medidas rápidas y eficaces para corregir los bajos precios que reciben los agricultores. Son situaciones límites cuando estos vehículos especiales arrastran su voz y ponen sonido de pancarta por el mantenimiento y desarrollo rural. El tractor tiene estampa altiva, eleva el carro con bueyes a  categoría superior y da brillo al arado con mula. Su rugir poderoso  crea frente común, como cuando juega la selección española. De origen a destino en lo que produce el campo hay un camino y los grandes perjudicados son los campesinos, que son los que más trabajan, los que tienen las ideas y, seguramente, más gastos. Venimos de la ganadería y la agricultura y, es evidente, hay que equilibrar las cargas negativas que soporta.

Hay que mirar al terruño con el punto de mira de la competitividad, la formación, la implantación de nuevos cultivos y dignificando el trabajo y la vida en el mundo rural. Se moviliza el sector agrario en la calle y protesta por cultivos de precios bajos, el incremento de los costes de producción y la caída del nueve por ciento de la renta agraria, sin olvidar el posible recorte de ayudas comunitarias que planean desde Bruselas.

Probado el afecto por el campo y sus productos es hora de que estos sentimientos sean para que se alcance progreso, sin prevalecer la conformidad con el destino. Las nuevas generaciones luchan para hacer desaparecer esto; mientras aguardan que el pasado confluya en el punto de encuentro. 

El corazón sabe de la riqueza que estuvo cargado el mundo rural y de lo que es llamar a las cosas por su nombre. Si fue un excelente lugar para vivir la infancia viene ahora el tiempo de buscarlo al ruido del tractor que habla en las manifestaciones callejeras. Marchar en tractorada es procesión de Semana Santa con cruces aguantadas por cooperativas al paso en defensa  de agricultores y ganaderos españoles. 

Mantener el medio rural y el espacio natural tiene forma de tractor que arrastra también políticas que contribuyen al reto climático de la España vaciada y de la necesaria vertebración de los pueblos. Olvidar la fuerza, importancia y trascendencia de este problema asegura que no será posible acometer los retos que la sociedad demanda. A pesar de que España es rural casi toda ella.

España huele a pueblo
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