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Pandemia y filosofía

SEÑALABA ORTEGA y Gasset que, históricamente, la filosofía ha despuntado en períodos de crisis intelectual, cuando una conmoción social erosiona las anteriores certezas inconscientes sobre las que se vivía (a las que denominó genéricamente "creencias") y obliga a replantearse la realidad, alumbrando conceptos y valores conscientemente elaborados y asumidos (a los que llamó "ideas"). Los momentos o situaciones críticas estimulan, pues, según el autor de ‘Meditaciones del Quijote’, el pensamiento reflexivo o "ensimismamiento", la interiorización necesaria para analizar los nuevos problemas y buscarles soluciones inéditas. 

La actual circunstancia nacional, europea y mundial creada por la pandemia del covid-19 ha llevado a una crisis no sólo sanitaria y económica, sino también intelectual y moral, que nos obliga a repensar nuestra forma de estar en el mundo y en la sociedad. Hemos tenido que cambiar o adaptar nuestros hábitos sociales, pero también nuestra actitud mental: las "creencias" (no en el sentido religioso) en las que nos encontrábamos —como la de que el futuro siempre habría de ser mejor que el presente, o la de que nuestro sistema sanitario no podría colapsar— han sido derribadas por un acontecimiento tan imprevisto y que parecía tan poco probable como la pandemia. 

El filósofo —y psiquiatra— Karl Jaspers, desde una perspectiva existencial ligada a la experiencia individual, hizo hincapié por su parte en la importancia de las "situaciones límite" (como las desatadas por la pérdida de un ser querido u otras eventos extremos) que muestran lo expuesto y frágil de nuestro ser, abocándonos a la reflexión y al replanteamiento de nuestro vivir. Menos dramáticamente, los clásicos Platón y Aristóteles hallaban en el asombro el origen del filosofar; la admiración ante el cielo estrellado, por ejemplo, da lugar a la más antigua rama de la filosofía, la cosmología, iniciada por los presocráticos en el siglo VI a.C. Pero el asombro o extrañeza también puede ser traumático cuando ocurre algo grave y a la vez inesperado, como en el caso que ahora nos ocupa: hace apenas un año era impredecible lo que sucedió después, dejándonos descolocados, llenos de interrogantes y necesitados de respuestas. 

Desde uno u otro ángulo, la pandemia, prolongada en el tiempo, nos conduce a repensar la vida y la sociedad en una forma que no habíamos conocido desde la segunda guerra mundial (a raíz de la cual se produjo, entre otras cosas, el auge de la filosofía existencialista). Por ahora aún estamos en la fase de conmoción de las anteriores "creencias" o certezas, y apenas hemos entrado en la de incubación de nuevas ideas, pero a mí al menos me parece que la universalidad o carácter global de un fenómeno como el que nos afecta requiere a su vez de un pensamiento universalizable, transversal a las diferencias ideológicas y culturales que nos separan, y asentado sobre la base de la fundamental unidad e igualdad del género humano y su capacidad racional para la comunicación y la cooperación, hoy más necesaria que nunca.

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