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Nueva ¿normalidad?

DESPUÉS DE una breve "tercera fase" de la desescalada que apenas ha servido para que el Gobierno autonómico haya podido decidir su rápida terminación, nos introduciremos de lleno en esa especie de limbo denominado oficialmente "nueva normalidad". Utilizo la palabra 'limbo' porque es una situación intermedia e indefinida en la que realmente no hemos superado el problema que nos aquejaba, la pandemia, sino que solamente lo hemos conseguido suavizar y hasta cierto punto domeñar con el esfuerzo de nuestro confinamiento y la labor ingente de los sanitarios.

Pero el coronavirus permanece entre nosotros produciendo nuevos repuntes de contagios, hospitalizaciones y muertes, mientras continúa expándiendose por todo el mundo a la espera de que se halle un remedio eficaz y una vacuna. De modo que la nueva situación a la que accedemos solo de una manera eufemística puede ser calificada de "normal"; en realidad, se trata de un estado de inseguridad permanente en el que hemos de estar continuamente en alerta para evitar en la medida de lo posible caer enfermos. Prueba de ello es la obligación de llevar mascarilla por la calle o en espacios cerrados donde no podamos garantizar la suficiente distancia social: nada semejante a la auténtica normalidad de la cara descubierta, el apretón de manos y la confianza.

Pero la economía es reina en nuestra sociedad y los números contables mandan. Hemos de tirar para adelante para evitar la ruina total. Aun así se plantean dilemas importantes, como el del turismo: ¿podremos contener la riada indiscriminada de visitantes con su secuela de proximidad física y de contaminación vírica?; o el de la educación: ¿estarán seguros los niños (y no digamos, los maestros) en la escuela si no se puede garantizar la distancia mínima, establecida de modo general por decreto ley, de un metro y medio entre ellos?

La condición humana siempre se ha caracterizado por la incertidumbre, pero nuestra época ha hecho todo lo posible por eliminarla, a través de innumerables sistemas de control y aseguramiento, tanto públicos como privados. Hemos crecido con la convicción de que lo "normal" era la seguridad de lo previsible; de tal modo que una situación de constante riesgo como la que se ahora se inicia difícilmente puede ser calificada, en el sentido habitual del término, de "normalidad".

Nueva ¿normalidad?
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