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Dilemas éticos

La ciencia por sí misma no permite tomar decisiones en muchos casos. Sucede ahora mismo en algunos hospitales, ante la escasez de camas disponibles en sus Ucis, que los médicos se ven obligados a escoger entre los pacientes que serán atendidos en ellas y los que no. Esta selección no se basa en criterios científicos sino éticos; por ejemplo, se da prioridad a aquellos enfermos a los que se presupone más opciones de poder curarse por tener menos patologìas previas, o que tienen mayores expectativas de vida por ser más jóvenes, en detrimento lógicamente de los más débiles y viejos. La elección nos parece dentro de lo que cabe correcta, dada las circunstancias y en nuestro contexto social, pero no se puede decir que es científica, sino moral. La ciencia no indica nada en cuestión de valores, es neutra. Somos las personas las que, en función de los datos aportados por ella, tenemos que decidir qué camino de los posibles hemos de tomar.

A otra escala, he leído que hay investigadores que predicen que la profunda recesión económica derivada de la actual crisis sanitaria puede ocasionar a largo plazo más muertes prematuras que el propio coronavirus. Se basan en las estadísticas que correlacionan el Producto Interior Bruto de un país con la mayor o menor esperanza de vida de su población. Así, una caída del 6,5 % del PIB supondría una disminución de la longevidad equivalente o superior a la que el covid-19 puede provocar en ausencia de medidas drásticas para contenerlo, según un estudio realizado en Inglaterra. 

Es decir, que si no se intentase frenar al virus podría morir de él cerca de medio millón de personas en el Reino Unido, pero si se le frena de una forma que lesione la economía, también morirá antes de lo que le correspondería un número semejante o mayor de gente. El autor de la investigación, profesor de la universidad de Bristol, señala que con ello no pretende disuadir de luchar contra la pandemia, sino animar a buscar soluciones imaginativas o , digamos, «terceras vías» que permitan compatibilizar la preservación de la salud con la estabilidad económica de la que todos dependemos(el sistema sanitario, que estira nuestras vidas, también). 

Pero, ineludiblemente, las decisiones al respecto tendrán que ser éticas y políticas y no ya «científicas». La ciencia provee los datos y presenta argumentos, pero es el ser humano en última instancia quien, orientado por los valores a los que adhiere, libre y responsablemente tiene que decidir.

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