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El 8-M cambia incluso a Ciudadanos

EN EL AÑO transcurrido desde el 8 de marzo de 2018, ese sector puntero de la sociedad española que son las mujeres depositarias del feminismo y del progresismo ha experimentado un avance extraordinario, que queda a la vista de todo el mundo a raíz de este nuevo 8 de marzo de 2019. Un avance que, a mi juicio, supera en credibilidad a cualquier barómetro o encuesta demoscópica. Esa constatación afecta por lo menos a la mitad de la población española, constituida por el universo femenino. Si hemos contemplado sin prejuicios lo sucedido en las calles de España ese día y los siguientes, tendremos elementos de juicio bastantes para dejarnos de historias y ceñirnos a la realidad meridianamente constatada.

Algo extraordinario ha sucedido en este país, que ha superado con creces su propia marca de un año atrás y ha servido de guía al resto del mundo. Ya falta muy poco tiempo para que podamos confirmarlo con la realidad electoral que vamos a vivir dentro de menos de dos y de tres meses. ¿Que nos podemos equivocar y que los hechos tiren por tierra los argumentos que ahora veíamos como muy convincentes y capaces de llevarnos a la seguridad sobre su valor de convicción? Pues claro que es posible, pero los síntomas indican con claridad que el camino más probable es el que acabo de señalar.

La derecha ha calibrado muy mal lo relacionado con el Día de la Mujer, y tendría que haber sido mucho más inteligente y cautelosa, al menos como ha hecho Ciudadanos, que ha demostrado ser de derechas, sí, pero no tan disparatadamente como el PP y Vox. Y claro, luego la comparación entre lo sucedido el 8M y aquella manifestación de la plaza de Colón echa lumbre por todos los poros, sin que sea posible hilvanar la menor explicación lejanamente convincente.

Los últimos tiempos han ido trayendo una diagnosis de dispersión y desaglutinamiento del panorama de los partidos políticos, que presenta una realidad y una imagen que en nada se parecen a lo que eran solo cuatro años atrás, justo antes de la salida al ruedo de Podemos y Ciudadanos, y ahora de la emergencia de Vox y del agravamiento de la crisis servida por el independentismo catalán agudizado. Y no digamos si echamos la vista todavía más atrás, cuando lo único concebible era que ganara las elecciones o bien el PSOE o bien el PP.

Por otra parte, comienza un run-run de cambios de actitud en las grandes medidas políticas que podrían desembocar en una renuncia de Cs a su propia estrategia, a la vista de lo ridícula que resulta su tambaleante alianza con el PP y Vox y su negacionismo al PSOE y a Podemos. Lo lógico y más natural sería un pacto PSOEPodemos-Cs, suficiente para gobernar sin pasar vergüenza, con el añadido del PNV y sin la presión del independentismo. ¿O es que los de Rivera van a seguir prefiriendo a PP y Vox en lugar de a PSOE y Podemos? Una respuesta afirmativa carece de sentido, de lógica y de inteligencia política. Pero habrá que explicarlo más.

El 8-M cambia incluso a Ciudadanos
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