Opinión

Quedarse anticuado

SÉ PERFECTAMENTE que ya he dejado atrás mi juventud. Lo asumí cuando vi que prefería las anchoas a los ‘nuggets’ y que no podía pasar una sobremesa sin café. Lo sé también porque atravieso el invierno con cara de vivir en Siberia y elaboro a conciencia la lista de la compra para no estresarme en el supermercado. Es decir, hago cosas de mayores. Llevo bien cumplir años y ganar arrugas, pero no soporto la idea de haberme convertido en una carroza; una anticuada.

Hace unos años, mi plan de futuro era ser mayor, pero moderna, y creo que se me está desmoronando porque escucho hablar a mis hijos con sus amigos y no entiendo su idioma. Ya no son colegas, son ‘bros’ (de brothers), y ya no son guays, sino que tienen calle. El otro día descubrí que ser ‘boque’ era no haber besado nunca a nadie. Esto último lo busqué en Google, claro, porque si les pregunto echo por tierra mi reputación de madre actualizada.

Hace ya tiempo, salí de noche con mis amigas y cuando decidíamos si retirarnos o alargar la fiesta, el portero de un pub nos dijo: "Podéis pasar, que dentro hay más gente mayor". Le contestamos mal y nos marchamos indignadas. Visto lo visto, quizá hubiera sido más correcto decirle simplemente: "Gracias, joven".

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