Opinión

Ídolos de mercadillo

ME GUSTA ir a a los mercadillos. Son lugares imprevisibles en los que puedes encontrar todo tipo de artículos y a todo tipo de personas, incluso a las que aseguran que jamás han pisado uno. El mes pasado me dejé caer por el mercadillo de Portonovo y lo encontré como siempre: bañadores, vestidos, bolsos de Bimba (sin Lola) y un montón de bisutería "de calidad". Sin embargo, entre los calcetines a un euro y las toallas de Portugal había un pequeño puesto que levantaba expectación.

Era una mesa cutre donde un hombre canoso vendía camisetas, firmaba libros y se fotografiaba con gente que hacía cola para estrecharle la mano. Cuando me acerqué no salía de mi asombro. Allí estaba él: Laureano Oubiña, haciendo gala de un merchandising digno de Premio Novel. Allí estaba, como nécora en el agua, rodeado de un montón de prendas con lemas como: Winston de batea o Antes muerto que chivato, con su aspecto desmejorado y su orgullo indemne. No me sorprendió que un exnarcotraficante creara su propia marca textil, pero verlo en acción elevado a la categoría de ídolo me impactó. ¿En qué país vivimos si la gente regresa de sus vacaciones presumiendo de haber abrazado a Oubiña?


 

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