Opinión

No dejes de soñar

Todo es posible, pero íbamos dos sets abajo. Ganaba el «frontón irreductible» de Medvedev. El ruso estaba imposible. 
Y, muchísimos españoles convocados a una cita histórica se levantaban disgustados, dolidos y frustrados de sus sillones cuando Rafa había perdido los dos primeros sets, y no había visos de que ganara el tercero. Llevábamos viéndole desde las 9.30 de un frío domingo del mes de enero. 

Pero con Rafa, nunca está todo perdido. Nada está perdido. Los demás, tiramos la toalla. Él no. 

Y punto a punto, supo levantar lo que para los demás no era posible. Ni siquiera nos atrevíamos a soñar. No ya sus más fervientes fans, aquellos que le admiramos profundamente desde hace muchos años, sino otros seguidores. Algunos lo hacemos porque nos encanta el tenis y lo seguimos desde que era un niño. A otros muchos, porque a pesar de no gustarles el tenis, han seguido los grandes hitos de su carrera, verdaderamente extraordinaria e inigualable. 

Emoción. Entusiasmo. Admiración. Demanda y reclama el aplauso de todos. Es un profesional y un ser humano excepcional, que ha sabido levantarse desde lo profundo del abismo al que le han llevado una y otra vez sus reiteradas y variadas lesiones. 
Enfervoriza a las masas y desata la pasión de los menos partidarios. Es una estrella, una estrella cuya luz nunca se apagará. El mejor deportista español de todos los tiempos.

Los 21 Grand Slam ganados le hacen ser el mejor tenista del mundo. Le siguen Djokovic y Federer con 20 ganados por cada uno. 
Nadal es hoy el mejor tenista del mundo. El mejor de todos los tiempos. 

Rafa acaba de salir de una lesión, una de tantas que han perjudicado su carrera profesional. Tan solo hace mes y medio no sabía si podría volver a jugar más. 

En un país que sufre una profunda crisis económica y cansado de la pandemia que nos azota desde hace dos años, Rafael Nadal Parera es un orgullo para todos los españoles. Sus valores, su esfuerzo, voluntad y carácter nos hace recuperar el ánimo y aliento que necesitamos para volver a levantarnos. Son fuente de inspiración. Si imitásemos su lucha, voluntad y coraje nos convertiríamos, sin duda, en uno de los países más grandes del mundo. 

Rafael Nadal es un ejemplo de arrojo, de valor, de trabajo, de temple, de responsabilidad, de fe y de creer hasta el último aliento que es posible cambiar las cosas. Mete siempre una marcha más. Vuelve a intentarlo una y otra vez. 
A mí me ganó hace muchos años. Decidí hacer Periodismo con la ilusión de entrevistarle un día. Por cierto, todavía no lo he conseguido, pero a imitación suya, no tiro la toalla. !Quién sabe!

Ha entrado por la puerta grande en la historia de España. Algún día todos recordarán su nombre. 

!Vamos! es su grito. Un grito que se ha extendido por profesiones, oficios y ámbitos variopintos.

Es nuestro Rafa. El más grande de los deportistas que ha habido nunca en España. Todos juntos confiamos seguir gritando muchos años más: ¡Vamos Rafa!

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