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Del cielo a Madrid

Los coches autónomos circulan por todas las ciudades. Madrid los ha hecho suyos. Se ha convertido en otra de sus señas de identidad. Solo un coche de cada 10.000 es conducido por un ser humano.

La circulación nunca había sido tan fluida. El número ingente de vehículos autónomos, de diversa clase, ha alcanzado el acoplamiento y el ensamblaje cuasi perfecto. No hay atascos. No hay horas punta. El cálculo de la distancia permite llegar a la hora prevista al lugar de destino. 

Los anuncios publicitarios de Madrid han sido modificados: ‘El cielo ha bajado a Madrid’. 

Por primera vez no se necesitan guardias, auxiliares y vigilantes de tráfico y movilidad para incrementar y agravar el colapso circulatorio. La circulación por la ciudad es perfecta.

El 10 de julio de 2052 la alcaldesa de la capital recibe un anónimo: ‘O cierras los parques y jardines, los lugares de esparcimiento, entretenimiento y diversión para el disfrute de los madrileños y la población flotante, o te atienes a gravísimas consecuencias. 

Haremos de tu Madrid una ciudad inhóspita que enloquecerá por los desórdenes.

El caos, el desbarajuste y el desgobierno de la ciudad te hará perder las elecciones que se celebrarán el próximo año. 

Los ciudadanos se sentirán indefensos, confundidos, turbados. Dejarán de confiar en sus autoridades. Se encomendarán y abandonarán en los brazos de cualquier otro. Será nuestro momento’.

La alcaldesa le comenta a su mano derecha el anónimo. No le da importancia: 

—Es un anónimo más de los muchos que se reciben diariamente en el ayuntamiento. Pese a las amenazas, no da pistas de cómo y por qué va a poner a la alcaldesa contra las cuerdas. 

El 12 de julio de 2052, algún coche autónomo presenta desajustes. Recalcula las direcciones programadas, y tras señalar dirección norte se dirige al sur y viceversa. Lo mismo sucede con el este y el oeste. De inmediato, los servicios informáticos investigan qué está pasando. Es imprescindible evitar las consecuencias, que, de ser real la alarma, podrían generarse. No es la primera incidencia que se da, aunque la de hoy, sin ser general, se ha producido en un porcentaje que asciende al 1%, y eso, es lo preocupante. Pese a lo ocurrido, no hay razones para la desconfianza, el temor o la duda. Por la noche, ya en su casa, la alcaldesa recuerda el anónimo recibido. Concilia el sueño con dificultad. 

El día 13 de julio se vuelve a producir un hecho extraordinario. Un 5% de los vehículos hacen caso omiso a las direcciones marcadas. Todos ellos se dirigen al ayuntamiento, produciendo un atasco que se conocerá como el atasco del siglo. Además, emiten un altísimo grado de contaminación acústica con el sonido de sus bocinas, a pesar de que sus pasajeros tratan de evitar que suenen, aunque nada pueden hacer. Los vehículos mandan. Tienen vida propia. 

La alcaldesa se reúne con su gabinete de crisis. Los servicios informáticos están desbordados. El director de los servicios señala que hay un movimiento potente y bien organizado de hackers detrás del fallo. Son buenos. No dejan huellas. Tampoco han pedido nada desde el primer anónimo. 

Los informáticos redoblan los turnos de trabajo. Buscan a contrarreloj la manera de que todos los vehículos autónomos vuelvan a funcionar correctamente, evitando su manipulación. Es la primera vez que se pronuncia de forma oficial la palabra ‘sabotaje’.

Los ciudadanos de Madrid reciben un mensaje: «Se ruega trabajar desde casa. Se advierte que el día 14 puede ser caótico. No salgan de sus viviendas, salvo por motivos de extraordinaria urgencia. Caso de hacerlo vaya andando».

El 14 de julio los poquísimos vehículos que circulan marchan correctamente hasta las 12 de la mañana. Desde las 12.01 algunos vehículos inician una marcha suicida por direcciones contrarias chocando en los más importantes cruces de las grandes avenidas. Cada minuto se repite un arranque suicida de esa clase. A las 14.30 cesan los choques. 

A las 15.00 horas, los vehículos no respetan los semáforos ni los pasos de cebra. Se dirigen contra todo lo que se mueva, es decir, los habitantes que todavía pasean por las calles. 

El resultado es desolador. Los choques paralizan la ciudad. La gente abandona los vehículos y corre a refugiarse. Los muertos se cuentan por cientos. Muchos están apresados en los coches en los terribles y violentos choques producidos en los cruces. También hay viandantes, muertos o heridos de gravedad, atrapados por los vehículos. 

El 15 de julio la ciudad está exhausta y atemorizada. Un colapso circulatorio primero, el desplome dramático del tráfico y la coerción a la libertad de los ciudadanos y finalmente el caos: heridos y muertos en todas las calles, y, una ciudad cohibida, despavorida y enloquecida por los desórdenes.

Los informáticos emprenden la tarea con esfuerzo y denuedo. Pero, con el paso de las horas son conscientes de que no saben cómo frenar el golpe y sus consecuencias. Preocupación primero, desánimo después para concluir con la desesperación. El director de los servicios presenta la dimisión. El subdirector le releva. Tras cincuenta y tres horas sin dormir, comer ni descansar, ante el panorama infausto, desastroso y con tintes catastróficos se quita la vida. Los hackers son los amos y señores de la ciudad de Madrid. La tienen dentro de un puño. Hacen con ella lo que quieren.

El colapso y el desasosiego se han apoderado de la ciudad. Una población de ocho millones de habitantes se encuentra al borde del ataque de nervios. La ciudad ha enloquecido colectivamente. Tenía razón el anónimo. Era una verdadera amenaza como hemos podido constatar. Y, ahora ¿qué?

La alcaldesa abre los ojos. Se despierta en una habitación que no reconoce. De inmediato avisan al médico que dirige el servicio. Le explica: 

—Se desmayó en su despacho y nos la trajeron al hospital. Aquí la operamos de urgencia. Le han quitado dos tumores y le hicieron tres bypass en su corazón. Perdió mucha sangre en la intervención. De inmediato, nos la trajeron a la Uci, que es donde se encuentra en estos momentos. Ha estado monitorizada durante estos días. Teníamos razonables temores por su vida. Le hemos transfundido seis bolsas de sangre. Se ha debatido durante tres días entre la vida y la muerte. ¡Tranquila ahora! Se recuperará. Es usted muy fuerte. 

Ha vencido, pero ha tenido fiebres muy altas. Ha estado delirando durante horas. Todo está bien, y con un poco de paciencia se repondrá. Las horas difíciles han pasado. Las pesadillas también’, le dice el médico.

—Y, Madrid, ¿cómo está?, preguntó al médico.

Él volvió a tranquilizarla:

—Madrid brilla con luz propia. Resplandece como siempre por sus gentes. Una ciudad abierta y tolerante. Expansiva y comunicativa. Solidaria y acogedora. Alegre y divertida.

Dinámica y laboriosa. Vital e innovadora. Una ciudad que no duerme. Una ciudad libre. 

Madrid es una ciudad para vivir. Nunca morirá. Como decían los clásicos: «De Madrid al cielo».

Del cielo a Madrid
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