Opinión

Sálvese quien pueda

A la hora de analizar el encuentro, más que referirse a factores del juego habría que hacerlo de la situación anímica de ambos conjuntos
Mrsic da instrucciones a Sergi Quintela en el encuentro de este miércoles. SEBAS SENANDE
photo_camera Mrsic da instrucciones a Sergi Quintela. SEBAS SENANDE

El Zunder Palencia logró la primera victoria de su historia en la Liga Endesa ante el Río Breogán. Fue en esta misma temporada, en la sexta jornada. Para el equipo lucense era el quinto resultado negativo, pero el primero realmente preocupante, el que encendió las primeras luces de alarma. Y fue así porque los hombres de Veljko Mrsic fueron incapaces de competir contra un rival que no conocía la victoria. El pésimo porcentaje en los lanzamientos (un 38% en tiros de dos puntos y de un 25% en triples) fue aquel día un lastre demasiado pesado. Y lo peor es que aquella deficiencia sigue cercenando gravemente, veintiuna jornadas después, las opciones de triunfo del conjunto de Lugo.

El segundo enfrentamiento entre lucenses y palentinos, prácticamente seis meses después, tiene tintes absolutamente dramáticos. La lógica indica que el que salga derrotado en el encuentro de hoy tendrá que ir asumiendo el descenso de categoría. Y el que gane aún habrá de remar con fuerza para evitarlo. Pero seguirá vivo.

Puede llamar la atención que se sitúe en el mismo nivel de trascendencia el resultado a los dos equipos cuando el Palencia, con dos victorias menos, aún en el mejor de los escenarios seguirá en desventaja con respecto al Breogán. Es cuestión de las impresiones que emiten. La percepción que se transmite desde uno y otro equipo, al menos lo que llega a sus respectivos entornos, es muy distinta. Son otras sensaciones. En el Breogán, con siete victorias; la frustración, la desconfianza y hasta el pesimismo han ido ganando enteros con el paso de las jornadas. Sin embargo, su rival, en una situación límite, transmite cierta esperanza —eso sí, que debe alimentarse hoy con un triunfo—, e incluso cierta ilusión. Llega a Lugo convencido que juega una final y que de ganar mantendrá el derecho a soñar.

Sin duda es una cuestión tan solo de sensaciones porque lo que indica la realidad es que desde aquella sexta jornada las cosas, a nivel de resultados, no les ha ido mejor a los de Luis Guil que a los de Veljko Mrsic. Los numerosos cambios realizados en una y otra plantilla no han tenido los resultados esperados. De hecho, en las nueve últimas jornadas el balance, solo dos victorias, ha sido idéntico y decepcionante en ambos conjuntos. Es probable que la presión o la tensión atenace en menor medida a los castellanos, porque de alguna forma llegaron a ver todo perdido y ahora atisban un pequeño resquicio de luz, mientras que el Breogán se ha ido autolimitando y empeorando su situación tanto en juego como en su condición anímica con el paso de las jornadas. Ha ido acumulando frustración.

Probablemente más que referirse a factores del juego a la hora de analizar el encuentro, habría que hacerlo de esa situación anímica de ambos conjuntos. Un aspecto en el que los breoganistas, como está dicho, parecen partir con desventaja. Por esto, va a ser fundamental que los de Veljko Mrsic saquen la cabeza de ese pozo anímico en el que parecen estar, que recobren parte de la confianza perdida y, sobre todo, que vuelvan a disfrutar en la cancha. Evitar, sobre todo, que cada posesión se convierta en un castigo para los jugadores breoganistas. Luego está el orgullo y la motivación para pelear cada posesión porque es mucho lo que está en juego.

A partir de aquí están los aspectos meramente deportivos, como las consecuencias que tendrá si se confirma la ausencia de Martynas Sajus ante un rival con pívots como Anzejs Pasecniks o Matt Haarms, con 2,16 y 2,21 metros de estatura respectivamente. Entre dos equipos que rivalizan estadísticamente en los peores puestos — son los dos equipos que menos anotan y los menos valorados —cualquier mejoría en alguna de las facetas del juego puede resultar determinante.

Eso sí, no conviene perder de vista un par de detalles, el Breogán es el conjunto con peor eficiencia ofensiva de la Liga (99,4 puntos anotados por cada cien posesiones) y el Palencia es el peor en eficiencia defensiva. El equipo de Guil encaja 115,8 puntos por cada cien posesiones. Sálvese quien pueda.

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