Opinión

Extrañas coincidencias

UN POCO más y coinciden en el tiempo los aniversarios de la victoria del PSOE en el 82 y del hundimiento del Prestige. Ninguno me dice gran cosa porque los dos son muy obvios. Felipe González casi no pudo equivocarse al principio porque estaba todo por hacer. Desde las autovías más elementales (la A-6 ni tan siquiera está acabada del todo) a la Seguridad Social. Hiciese lo que hiciese, valía. Por lo demás, le sentaban bien tanto las americanas de pana como los trajes entallados, gustaba a las señoras sin rechinar a los señores y aunque tenía acento andaluz no era estridente como el de Sergio Ramos

Lo del Prestige fue justo al revés. No hay por dónde cogerlo. Solo se dijo una cosa graciosa al respecto, lo de los hilillos de plastilina de Rajoy, y me da que no era su intención. Estuvo tres días sin poder leer el Marca del disgusto que se llevó con aquello. Desde entonces, siempre preguntaba a aquel primo que tenía en Sevilla qué tiempo haría en la Costa da Morte, pero su primo se empeñaba en decirle que al día siguiente en Sevilla iba a hacer un calor del copón. 

Felipe, por su parte, de tanto decirlo acabó por convertirse en un jarrón chino de verdad. Solo que él supo colocarse muy bien: en un yate en el Mediterráneo.

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