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Entre el aplauso y el castigo

EL ENCUENTRO del Pazo dos Deportes fue un cúmulo de detalles. El primero de ellos tiene que ver con el reconocimiento a las leyendas y los que vistieron la camiseta celeste del Breogán. Fue el momento para Velimir Perasovic. El actual técnico del Baskonia firmó autográfos en los minutos previos, atendió a los pequeños y no tan pequeños breoganistas y se llevó el aplauso de todo el pabellón en su presentación. Todo un cuento con un final feliz porque Perasovic lo agradeció en rueda de prensa y salió como un caballero.

Después llegó el momento de la nostalgia. Ese instante en el que un aficionado se pregunta dónde está y cuándo debuta Norel, mientras Voigtmann y Poirier empiezan a hacer de las suyas dentro de la zona. El holandés es la comidilla perfecta para un intermedio donde las cosas pintaban bien y el equipo respondía y hasta permitía soñar.

La primera mitad dejó dos detalles más. Primero con un aficionado que harto de esperar la decisión final del "instant replay" en la jugada final del primer cuarto le dice a su compañero: "Eso non sei como se chama, parece o Var do garaxe".

Después, ese momento maravilloso en el que Hilliard lanza varios tiros libres para no acertar con ninguno y una señora, dos filas abajo dice: "Mira que es malo, pareces a miña filla". Parece que el baloncesto no termina de cuajar en esa casa. Luego, en el último cuarto y los minutos decisivos ya todo fue otro cantar con el acierto y el papel del estadounidense.

La segunda mitad dejó un tercer cuarto en el que apareció la expresión "Si se puede", acompañado por ese "el Real Madrid ya cayó, ahora vamos a por el Baskonia".

La esperanza se vino abajo a medida que llegaban las canastas y se cerraban las bocas de muchos aficionados del Breogán, que asistían a un castigo excesivo por parte de un rival que acostumbra a tener un cuarto pletórico en sus últimos encuentros, tanto en la Euroliga como en la Liga Endesa. "Agora xa foi, vamos para a casa". Llegó así la expresión de la conformidad con el destino.

El último momento del partido tiene que ver con esos aficionados que empiezan a preguntar por el resultado del Fuenlabrada ante el Andorra. Ese momento en el que se busca el mal menor. El epílogo lo puso la elegancia de Perasovic. Un gracias al salir de la sala de prensa y unos autógrafos para inmortalizar.

Entre el aplauso y el castigo
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