Opinión

Únicos e inigualables

undefined
photo_camera ‘El arbolito chico del Chico’ puede brillar sin esfuerzo como el más pequeño de España. RAÚL SANCHIDRIÁN

ADMIRO MUCHO a esas personas capaces de empezar el año con un listado de retos, de buenos propósitos. Aunque no sea un listado, vale con que sean uno o dos, lo importante es la ambición. Ni siquiera creo que sea importante llegar a cumplirlos, admiro el simple hecho de marcarse metas con la ilusión virgen de alcanzarlas.

Yo antes también era de esos, supongo que como todos. Luego ya, abrumado por el peso de mi inconsistencia, no me llegaba el principio de año y aprovechaba cualquier fecha más o menos señalada para reafirmarme en mis propósitos siempre aplazados: al principio, antes del verano o al inicio del curso; luego, después de Semana Santa o según acabe  el San Froilán y, con el tiempo,  en cuanto pasen el Carnaval o las próximas elecciones. Al final, pasé de hacerlo: si la vida no te sirve al menos para conocerte a ti mismo, el menor de tus problemas son los buenos propósitos traicionados.

Estos días tengo el e-mail petado de listados de recomendaciones, objetivos y métodos para comenzar el año con una ambición a prueba de uno mismo. Todos extraordinariamente apetecibles e ilusionantes, al punto  de que no sé si ponerme a dieta proteica, matricularme en alemán en la Uned, irme de cooperante a Níger o cambiar los estores del salón. Toda propuesta me parece irrechazable e inaplazable.

De entre todos esos mensajes en mi bandeja de entrada me quedo pillado, sin embargo, en uno que exhibe como asunto "Decálogo para disfrutar este 2024 de una vida sexual plena, saludable y satisfactoria". Lo envía una marca comercial que se define como "la tienda erótica que ayuda a las personas a conectar con su sexualidad", por lo que le concedo de entrada un punto de experiencia en el sector y poca cancha para el fraude: lo peor que puede pasarme es que acabe con un dildo envuelto en papel de regalo debajo del árbol de Navidad o que alguna amiga con sentido del decoro me acierte en la cabeza con las bolas chinas de su amigo invisible.

Pero ni eso, por primera vez en mi vida resulta que un cebo envuelto en sexo ofrece exactamente lo que promete: un triste decálogo. Con tanta honestidad, ya te lo digo, no vamos a ningún sitio, y menos a la cama. "Diseñamos complementos, lencería, juguetes y cosmética sexual con materiales e ingredientes de calidad, sin pfalafatos, ecológicos, veganos y compensamos las emisiones de su transporte", añade el mensaje como información complementaria, por si fuera necesario consolidar la decepción.

El primer punto del decálogo es la "autoexploración: tan sencillo como tocarse, un gesto fundamental para conocerse en profundidad», algo de lo que ya hemos hablado en este mismo artículo. Le siguen consejos como "comunicación", "experimentación", "relajación" o "respeto", con lo que ya no sé si estoy leyendo sobre sexo o un artículo de opinión del ABC.

Me atrapa, aun así, el punto 4: "Comparaciones: en muchas ocasiones, las personas tendemos a compararnos, pero las comparaciones son odiosas. Cada persona es única e inigualable. Las comparaciones derivan en inseguridades". Ahí le has dado.

Concluyo la didáctica lectura pensando que quizás lo que estamos haciendo mal es seguir admirando a esas personas que comienzan cada año con propósitos de enmienda, siendo cada uno de nosotros únicos e inigualables. Y, en este punto, no se me ocurre ninguna razón por la que no podamos tener un año nuevo cojonudo, como tantos otros en los que hemos felizmente fracasado.

Mundos paralelos
Mientras la mitad de los alcaldes de España han decidido entrar en la pelea de gallitos con Abel Caballero por ver quién tiene el árbol navideño más grande, en Ávila se ponen metas más modestas: ‘El arbolito chico del Chico’ puede brillar sin esfuerzo como el más pequeño de España.

Comentarios