Opinión

Sin piedad

SÍ, LO SÉ. Y tienes razón, yo también estoy hasta el coño. Tengo la sensación de llevar año y medio o dos en campaña, la bromita ya se me hace bastante pesada. Que sí, vale, que las cosas van así y que mejor mucha campaña que ninguna, pero que hay veces que uno agradece que acaben, pues también.

Sobre todo cuando vienen torcidas, como esta nuestra que hoy se calla para dejarnos hablar. Pienso ahora en la de veces que me he quejado de que no nos hicieran ni caso, de que cualquier chirigota de Cádiz o cualquier debate sobre el sistema de recogida de basuras en Getxo tuviera más presencia en los medios que las elecciones gallegas. Supongo que de eso se trataba, también es verdad, pero estos días hasta he echado de menos cuando ni miraban para este esquinazo.

He visto cosas que tardaré en olvidar, y eso siendo optimista. He visto a un vicepresidente de Murcia aconsejando cómo debemos gestionar nuestro agro y nuestros recursos naturales; me lo dijo justo antes de que un vasco renegado me pidiese el voto para el Parlamento gallego porque "el acto de hermanamiento más grande de la historia de la Humanidad fue la evangelización de América". Textual, así, a pelo.

He visto a un ministro siniestro chupar frío en un encuentro sin pies ni cabeza a la luz de las farolas del Parque de Rosalía, con la humedad de la noche cayendo sobre todos ellos como cagadas de estorninos. Y lo he escuchado prometer una comisaría para Lugo con la misma voz que luego explicaba a las viudas de dos guardias civiles por qué sus maridos tenían que patrullar el puerto de Barbate en colchonetas hinchables.

Una presidenta ultranacionalista me ha pedido mi apoyo porque quiere seguir viniendo a Galicia a pasear entre eucaliptos y porque si no a los gallegos nos va a gobernar la Eta. Lo hizo justo al día siguiente de reconocer ante su propio Parlamento que dejó morir sin atención médica a 7.200 de sus propios ciudadanos, seguro que muchos de ellos también sus propios votantes, porque decidió que se iban a morir de todas formas. Eso también lo he visto.

Podría seguir, hay para todos. No sé, de acuerdo que es una campaña electoral y hay que ser tolerantes y comprensivos, todos nos estamos jugando mucho. Pero sobre todo nosotros, oye, un respeto también, que se ha oído hablar más de Bildu o de la ultraderecha que de Alcoa. Llevamos los gallegos fama de hospitalarios y bien está que quien tenga algo que aportar venga a apoyar a los suyos, otra cosa es abusar. Hay quien no se conforma con decirnos a quién a votar, que es lo normal porque para eso montan la campaña, sino que nos quieren explicar cuáles son nuestros problemas y nuestros intereses, cuáles deben ser nuestros miedos y nuestras esperanzas.

Pero hoy, por fin, todos ellos se callan. Y lo que es mejor, todos nos escuchan, porque lo que ellos nos han dicho en estos días interminables será o no será, pero lo que digamos nosotros hoy va a misa. Sí o sí. Eso es lo bueno de las campañas, por muy irritantes que sean, que indefectiblemente desembocan en unas elecciones y en el momento de la verdad nuestra opinión, la de cada uno de nosotros, vale como la que más.

Da lo mismo si votas a derechas o izquierdas, a tontos o a listos, a hombres o a mujeres, si es a favor o en contra, por convicción o por cabreo, por solidaridad o por egoísmo... no tienes que dar explicaciones a nadie. Luego llegará el recuento y el momento de hablar de vencedores y vencidos, pero en esas horas que van desde que se abren las urnas hasta que se cierran tú eres el puto amo. Sin perdón, sin piedad, sin miedo. Disfruta, es tu momento.

MUNDOS PARALELOS
MOHAMMED SABER/EFE
Sin perdón
Lo que conocíamos como comunidad internacional ya no existe. Lo que pudiera quedarle de autoridad moral ha sido reducida a escombros por su complicidad con la barbarie israelí. Otras generaciones estudiarán en sus libros de historia el genocidio palestino, y se avergonzarán de nosotros.

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