Opinión

La plaza de la Ofuscación

UN MORO HA MATADO a un cura. En realidad no era un cura, era un sacristán, pero el moro pensaba que era un cura porque ellos no diferencian bien así que podría decir que ha matado un cura. Es lo que suele pasar cuando un hombre mata a un hombre, que no piensan lo mismo.

Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo también piensan que un moro ha matado a un cura. Saben qué es un sacristán, pero no diferencian a un moro de otro. Cuando las cabezas se desbocan y se vuelven erráticas suelen ir a encontrase todas en la Plaza de la Ofuscación. A determinadas horas del día está que no cabe un alma.

Yassine también andaba mucho por esa plaza. Sus compañeros en Almería dicen que era un tipo normal, alguien con quien compartían unas cervezas y unos porros a la puerta de casa. "Hasta hace dos o tres meses", declaran, "empezamos a verlo raro. Todo el mundo hablaba de que no estaba bien de la cabeza. Decía cosas que no tenían sentido. Aquí todos somos musulmanes, pero él hablaba cosas raras de dios, del diablo y cosas así. Daba miedo".

En la fotografía que, sorprendentemente, repartió la Policía tras su detención no aparece su mirada; sí sus ojos, pero están vacíos.

Comenzó a molestarle hasta la risa, hablaba mucho de dios pero no iba a la mezquita. La tarde antes de que atacase al sacristán y a otras personas en varias iglesias, había amenazado de muerte con el mismo machete a un compañero. Luego hemos sabido que Yassine ya tenía problemas psiquiátricos diagnosticados. En la fotografía que, sorprendentemente, repartió la Policía tras su detención no aparece su mirada; sí sus ojos, pero están vacíos.

La Policía ha dicho después de detenerlo que lo tenía bajo su radar de terrorismo yihadista porque era un lobo solitario que se había radicalizado. Pese a ello, el tío pudo recorrerse Almería de iglesia en iglesia pasando por las armas a quien se cruzase. Se tratará del mismo tipo de vigilancia que decían tener los servicios secretos de EE.UU. sobre el autor del envío de seis paquetes bomba a empresas e instituciones españolas, entre ellas la Moncloa. 

Según EE.UU, era una célula de un peligroso grupo ruso supremacista. Hace unos días se detuvo en Miranda de Ebro a Pompeyo, un funcionario jubilado de 74 años aficionado al aeromodelismo. Había fabricado las cartas explosivas en su casa y las había mandado desde Valladolid. Enemigo visceral del Gobierno de Sánchez, se había radicalizado en foros pro Putin y apoyaba a Rusia en la guerra de Ucrania. Otro lobo solitario buscando un hueco en Plaza de la Ofuscación.

En muchos casos deberíamos poner más el acento en lo de solitarios que en lo de lobos

Por cierto, la Policía no ha repartido ninguna foto suya detenido ni Alberto Núñez Feijóo consideró necesario pedir la reunión del pacto antiterrorista por el jubilado burgalés que mandaba bombas, pero sí por el asesinato de Almería. No sé si porque no es lo mismo un terrorista que otro o porque no son lo mismo unas víctimas que otras. 

Tampoco Santiago Abascal emitió mensaje alguno. Como tampoco habló de inmigrantes y delincuencia cuando el futbolista brasileño Dani Alves —otro, por cierto, del que tampoco tuvimos foto policial— fue encarcelado como presunto autor de la violación de  una joven. A ver si va a resultar que estamos condenando injustamente a nuestra ultraderecha por ser racista y xenófoba cuando solo es aporofóbica: no los quiere blancos y españoles, los quiere ricos.

Es necesario vigilar, y bien, a los lobos solitarios. Pero en muchos casos deberíamos poner más el acento en lo de solitarios que en lo de lobos. Quizás adelantemos tanto o más convocando un pacto por la salud mental que el pacto antiterrorista. Cuando algunas cabezas se ofuscan es más útil poner diagnóstico y tratamiento que policías, sea un moro de Almería o un jubilado de Burgos. En lo de Feijóo y Abascal ya no me meto, seguro que se encontrarán en alguna plaza. 

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