Opinión

El momento de los principios

Bastaría con que el PSOE se abstuviera en la segunda votación de Mañueco como presidente autonómico para desactivar la amenaza de Vox
Fernández Mañueco. EFE
photo_camera Mañueco, en la noche del domingo. EFE

DICEN QUE un economista es un experto que te explicará mañana con todo lujo de argumentos por qué hoy no ha sucedido lo que él mismo predijo ayer con toda seguridad. Un analista político es básicamente lo mismo, con la diferencia de que mañana seguramente no solo no te explicará nada sino que ni siquiera se dará por aludido por su error.

No tengo ni idea de las explicaciones que darán mañana los asesores y los gurús demoscópicos del PP nacional y del de Castilla y León, ni incluso si seguirán en sus puestos. Tampoco conozco gran cosa de la realidad castellana y leonesa, más allá de los problemas comunes que sufrimos todos en los territorios periféricos de la España Despreciada. Y tampoco creo que la información que nos ha ido llegando de la campaña electoral pueda ayudarnos a conocer esa realidad, porque desde hace mucho tiempo los periódicos antes llamados nacionales y las televisiones han pasado a ser solo madrileñas y todo se interpreta desde la visión paleta de una capital que considera que el resto del país es solo su patio trasero.

Precisamente por eso comprendo que los analistas políticos apenas acertaran anoche a explicarse fenómenos como el de Soria Ya, una de las sorpresas de las elecciones que, sin embargo, no ha sorprendido nada por esa periferia que ocupa la mayor parte del territorio del país. Gente a la que posiblemente cualquiera de nosotros podría votar a poco que eviten los contorsionismos ideológicos.

Pero también precisamente por eso creo que los partidos nacionales, PP y PSOE , deberían ser coherentes y completar la lectura en clave de país que han querido hacer de las elecciones en Castilla y León.

Están ambos ante el momento de demostrar que respetan sus propios principios. Pero sobre todo los socialistas, los grandes perdedores, porque presumen de ellos más que una derecha que siempre ha exhibido un pragmatismo mucho menos escrupuloso.

Hablo de unos principios que el propio Pedro Sánchez convirtió en bandera con aquel «no es no» a facilitar el gobierno de un Mariano Rajoy y un PP que personalizaban en ese momento el fenómeno de la corrupción, un principio que le llevó a recuperar el control del PSOE como paso previo a conseguir la presidencia de la nación. Hablo de actuar con la grandeza política y el sentido de Estado que el propio PSOE ha propuesto reiteradamente a sus potenciales socios y reprocha habitualmente al partido de Pablo Casado: el compromiso de no facilitar nunca el acceso de la ultraderecha de Vox al poder. Esta es la oportunidad perfecta para que los socialistas cumplan con ese cordón democrático contra el radicalismo xenófobo, machista y populista.

Bastaría con que el PSOE en Castilla y León comprometiera su abstención en la segunda votación de Mañueco como presidente autonómico. Algo tan aparentemente sencillo haría posible que este buscase otras posibilidades de acuerdos para formar un gobierno, si no de mayoría absoluta, sí lo suficientemente amplio y estable como para salir adelante. Un gesto de responsabilidad democrática que mantendría a Vox lejos de la mesa de toma de decisiones. Una solución que incluso sacaría de un feo apuro al propio PP.

Es el momento para ambos de demostrar que este país al menos les importa tanto como su propio beneficio, su oportunidad de recuperar algo del respeto que han perdido analizando sus propios ombligos

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