Opinión

Había que estar

Manifestación del 8-M en Lugo. VICTORIA RODRÍGUEZ
photo_camera Manifestación del 8-M en Lugo. VICTORIA RODRÍGUEZ

LLEGÓ BIEN pasadas las nueve de la noche. Casi tiritaba de frío, empapada, con los vaqueros oscurecidos por el agua hasta un palmo más arriba de las rodillas y el pelo derramado hasta mitad de la espalda liberado de las ondulaciones por la lluvia. Estaba contenta. Aunque quizás contenta no sea la palabra, mejor satisfecha.

El cuerpo le pedía ducha larga, pero aún le quedó ánimo para posar en la cocina de esa guisa, como una pánfila, para una foto. Lo hizo porque se lo pidió su hermano en plan vacile y entre ellos dos no cabe ni un papel de fumar, si no de qué. En buena hora se iba a poner para la fotito si se lo planteamos su madre o yo, puedo imaginarme perfectamente la mirada de desdén que me devolvería por respuesta.

No soy capaz de calcular ni por aproximación el tiempo que estuvo en el baño. Esa es una de las muchas cosas que aprendes a dejar de hacer, por inútiles, cuando los hijos empiezan a descubrir la adolescencia y a sí mismos. Tu único descargo es valorar el privilegio de que haya otro aseo en casa y confiar sin motivo alguno en que la próxima factura del gas no sea tan espantosa como la del mes anterior. Spoiler: sí que suele serlo.

Al salir de la ducha aún le quedaba frío dentro y cuando llegó al salón llevaba esa bata horrible suya sobre el pijama. Le pregunté por la manifestación: "Ha estado bien, pero no veas el agua que caía y el frío que hemos pasado", me contó, "hemos estado menos que otros años pero bastantes para la noche que hacía. Y, bueno, había que estar y hemos estado, que era lo importante". Siempre me admira su capacidad para trasladar con eficacia aquello que quiere comunicar a una edad en la que yo no era capaz de entenderme ni a mí mismo.

Pero también hay que reconocerle que se lo curra. Llevaba cuatro o cinco días dándole vueltas a los lemas que quería poner este año en la pancarta, cogiendo una idea de aquí y otra de allá, mirando cuál le parecía más relevante y la manera de expresar esas ideas en una frase contundente que le cupiera en su pancarta.

Lleva todos los años la misma. Se la hice yo para su primera manifestación, tendría ella ocho o nueve años, con la caña de una redecilla de pescar rota que andaba por casa y unos cartones que ahora resultan bastante pequeños pero que para aquella primera vez le parecían gigantes. Resultó, no es por presumir, bastante apañada y resistente, y ella le tiene aprecio: cuando dan lluvia, como este viernes, la impermeabiliza con plástico de cocina transparente.

Cada año se limita a cambiar los lemas que pega por los dos lados, en función de lo que más le preocupe en ese periodo. Las primeras veces se dejaba llevar más por lo que oía, por los discursos y las reivindicaciones de actualidad en el momento, que ella adaptaba del modo que fuera necesario para defenderlas como propias y sentirse cómoda. Pero tengo la sensación de que con los años también ha ido evolucionando en esto, sin perder en absoluto el contacto con el momento pero sin agotar en él sus posibilidades. Es como si sintiese la necesidad de aportar desde su individualidad algo más a la conciencia colectiva de la que se siente parte. Aunque igual no y si se lo pregunto a ella es otra movida diferente; lo haré si veo el momento, aunque sea solo por curiosidad y por el placer y la sorpresa de escuchar cómo da forma a sus razones.

Me enseñó la pancarta acabada. En un lado, sobre fondo morado, había escrito un eficaz "Mismas obligaciones, mismos derechos". En el otro lado, el que algo en su manera de enseñarlo revelaba más suyo, se leía: "Sigo flipando por tener que protestar por esta puta mierda". Tiene 15 años y ya está hasta el coño de nosotros, y no me extraña. Al menos, algo tranquiliza saber que mientras siga siendo necesario protestar siempre habrá personas que estarán donde hay que estar.

MUNDOS PARALELOS
G
A Ulloa decide su futuro
Sigo de cerca el proceso para la posible instalación de una fábrica de celulosa de Altri en A Ulloa. Leo y escucho opiniones a favor y en contra, ambas generalmente bien argumentadas. Pero sigo sin saber la opinión, ahora que se conoce mejor el proyecto, de los habitantes de Palas de Rei y los municipios limítrofes que se verán directamente afectados. Me pregunto por qué no se les deja opinar teniendo como tenemos instrumentos tan simples como la consulta popular. Y me pregunto a qué hay miedo.

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