Opinión

Gloria debajo del trono

CUENTAN QUE que ha sido la comidilla de Elche las últimas dos semanas y que nunca mejor dicho. Lo de la comidilla, se refieren, que habrían protagonizado el concejal del Ayuntamiento José Navarro y una amiga ocasional debajo del trono del Santísimo Cristo de la Columna en la iglesia sede de la Hermandad de la Flagelación y Gloria, de la que Navarro era cofrade y costalero. En plena Semana Santa, de madrugada, mientras se preparaba el paso para la procesión del día siguiente y con testigos. Está claro que hay que ir a Elche, allí sí que tienen una interpretación peculiar de la Semana de Pasión.

Corría por los cantones ilicitanos la versión de algunos cofrades que decían haber presenciado la llegada a la iglesia de José Navarro y un grupo de amigos y amigas «con dos copas de más». El Plural publicó lo que afirma que le relataron «fuentes oficiales de la Cofradía del Santísimo Cristo de La Columna», la propietaria del paso que amparó la escena: «En ese momento aún quedaba un grupo de trabajo con el palio de un paso que se estaba montando, unas 25 o 30 personas que vieron cómo entró, lo conocían y vieron cómo se metía debajo del paso, estuvieron media hora, y cuando salieron él iba despeinado y la mujer iba bajándose la falda». 

Por lo que sea, a los presentes la situación no les tocó por el lado de la indulgencia y la misericordia, igual porque un calentón es un calentón pero media hora es ostentación, y recibieron la salida de José y la Magdalena con reproches, que parece que el concejal aceptó con mansedumbre y desplante torero: «Se marchó, no sin antes santiguarse». Los testigos no pueden aclarar si fue para pedir perdón o para dar las gracias.

El otro día José Navarro presentó su dimisión. Es concejal de Recursos Humanos, Deportes y Policía Local de Elche, ciudad que su partido, el PP, gobierna en coalición con Vox. Lo hizo después de haber recibido el reproche del alcalde, según confesó, y de reconocer que, en efecto, entró bebido en la iglesia, aunque tras negar que hubiera mantenido relaciones sexuales en los bajos del Santísimo Cristo de la Columna. Supongo que lo de que presentó su dimisión les habrá sorprendido por lo inusual, pero no se alarmen: renunció como cofrade de la Hermandad de la Flagelación y Gloria, no como concejal, ya se sabe que entre Dios y el César siempre hubo relaciones provechosas para ambos. Flagelación y gloria, si es como lo de la comidilla, nunca mejor dicho, hay que ver estos ilicitanos qué precisos son para sus cosas.

Ni el Ayuntamiento ni el PP ni sus socios de Vox han hecho declaraciones sobre el tema, aunque parece que sí tomaron alguna medida radical: no se le dejó participar junto al resto de ediles en los actos y procesiones más importantes de la Semana Santa, quién sabe si por penitencia o por prudencia, para evitarle tentaciones.

A mí, fuera hipocresías y más allá de la evidente falta de respeto, todo esto me viene importando más bien poco, bastante tengo con las vigas en mis ojos como para andar rebuscando las pajas en los de otros, una vez más nunca mejor dicho. Si lo traigo aquí es por lo simbólico, por la metáfora, por lo folclórico. Porque lo contiene todo, sociedad, religión, política y poder. Porque somos un país glorioso que, sin embargo, persigue más placer en el flagelo público que en media hora de cabellos despeinados y faldas levantadas bajo un trono. Y en el que solo se dimite como costalero, eso también. 

MUNDOS PARALELOS
EFE
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Lo que importa es tener salud
Me alegro sinceramente de que Eduardo Zaplana presente tan buen aspecto y haya podido superar los problemas de salud que lo sacaron de prisión en su momento. Le deseo una larga vida, al menos otros 19 años, los que le pide de cárcel el fiscal por delitos de corrupción.

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