Opinión

Escucha los latidos

Un manifestante muestra una pancarta en contra de Pedro Sánchez. VÍCTOR LERENA (EFE)
photo_camera Hay manifestantes que se lo curran. Imagino a este en su casa elaborando la pancarta: "Fuera el mentiroso, traidor, apátrida... Viva España" y mostrándola a su mujer. "¿Fuera sí, cariño, pero quién?". "¡Pues Pedro Sánchez!". "Hummm, no sé, yo lo aclararía abajo". "¡Mierda, voy. Puto Sánchez!"

HAY UN brote de manifestaciones por ahí adelante. Se diferencian unas de otras por los latidos: en unas cada manifestante grita por sí mismo y en otras todos los manifestantes gritan por cada uno de ellos. También se puede saber quiénes son los padres por el eco: en unas reverbera como "¡Libertad, tad, ad!" y en otras, como "¡Sanidad, dad, ad!". Que hay matices, vamos.

Otra pista para diferenciar unas de otras es el tratamiento que reciben en los medios nacionales: si ven pocas imágenes y con planos muy abiertos en los que se perciben calvas como en una cabeza tiñosa, es de enfermeras y pacientes; si ven muchas imágenes, de planos cerrados, prietas las filas y con muchas banderas, es de administradores de clínicas y accionistas.

Luego, fuera de estas categorías, están las que organizan los independentistas en Barcelona, que también tienen varios sublatidos pero que suelen presentar la característica común de que cada uno se manifiesta contra los demás y, en ocasiones, contra sí mismo. Son muy intensas y emocionantes porque lo mismo puedes acabar leyendo el manifiesto final que teniendo que huir por piernas y entre silbidos. Se recomienda no intentar esta manifestación en casa, sino en un entorno controlado y con apoyo de especialistas.

Las independentistas suelen presentar la característica común de que cada uno se manifiesta contra los demás y, en ocasiones, contra sí mismo

A veces las manifestaciones se cruzan. Ha pasado este fin de semana en Madrid: la España institucional procesionaba en los pabellones de Fitur en el Ifema, una manifestación desidelogizada y transversal con asistencia masiva de todo pichipata que tenga el más mínimo acceso a un céntimo público; mientras, o a la vez, o incluso revueltas, la España restauracionista latía en Cibeles con división feudalista.

Dicen los que los contaron que eran entre treinta mil y medio millón de corazones, lo que nunca sé si es mucho o poco tratándose de Madrid. Si hablamos, por poner un caso, de Abadín serían una "marea humana" de libro, pero en Cibeles igual no dan ni para celebrar un Trofeo Bernabéu. Miles de personas, en todo caso, alrededor de una multitud.

Leo que los líderes más destacados fueron Santiago Abascal y Miguel Tellado. También estuvieron Inés Arrimadas y Rosa Díez, valga la redundancia. A lo mejor resulta que eran una muchedumbre.

O una turba, porque portaban carteles en los que se llamaba asesino a un presidente de Gobierno y se exigía su ingreso en prisión. Creo que ha sido La Líder de Ciudadanos Anteriormente Conocida como Arrimadas la que ha dejado claros los objetivos ante las cámaras: tomar el poder para proceder de inmediato a "revertir todo lo que se ha hecho". A mí me parece mucho esfuerzo para revertir y poco para avanzar, pero a estas alturas ya puedo esperarme cualquier cosa, casi que me conformo con que no pidan el regreso de Fernando VII.

Leo que los líderes más destacados fueron Santiago Abascal y Miguel Tellado. También estuvieron Inés Arrimadas y Rosa Díez, valga la redundancia.

Supongo que habrá sido una manifestación balsámica para Vox, que llevaba una semana con los latidos acelerados después de las bofetadas a mano abierta con que ha sido recibida la última ocurrencia sobre el aborto de Juan García Gallardo. No sobre el aborto de Juan García Gallardo, que también podría ser, sino de Juan García Gallardo sobre el aborto.

Cuando hasta Federico Jiménez Losantos te dice que eres muy derechas pero muy tonto, es que la has cagado mucho. Quizás haría mejor Vox en escuchar ese nuevo latido de la extrema derecha mediática para adivinar cuánta vida le queda por delante a su criatura.

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