Opinión

Daniel Sancho, preso político

Daniel Sancho. INSTAGRAM
photo_camera Daniel Sancho. INSTAGRAM

AUNQUE LLEVO un rato sin dejarme caer por esta página, les he estado mirando, o qué se pensaban. Ya nos vamos conociendo con el tiempo y sé que lo que estaban esperando como agua de septiembre es que alguien se atreviera, por fin, a darles su opinión sobre el asunto candente: Luis Rubiales y sus posibles pactos de investidura. Pues ni idea tienen ustedes, he de decirles con todo el respeto: el caso que nos debería absorber y que nos define es el de Daniel Sancho, el primer descuartizador en defensa propia de la historia de la criminología. E inocente, evidentemente. Bueno, a lo mejor inocente del todo tampoco, ya se irá viendo a media que se unan las piezas sueltas.

Por lo que sea, he pasado buena parte de mis vacaciones delante de un televisor y de las tertulias correspondientes. Pura cremita. España no descansa ni en verano, nunca deja de fabricar metáforas de sí misma. Parece mentira que ni todo el calor que está haciendo sea suficiente para que este país, más dividido que el cadáver de Edwin Arrieta, complete por fin el hervor que le falta.

Es de estudio la tolerancia con los descuartizamientos propios y el escándalo con la más leve molestia ajena. Nos enerva más un mena de paseo tomando un helado que un famoso patrio de turismo criminal en Tailandia.

Yo, que no tenía noticia del tal Sancho hasta que decidió cortar su relación con el hombre que le pagaba su vida lujosa, voy de asombro en asombro. Había este agosto, se lo juro, una abogada en las tertulias de la tele que llamaba al orden a cualquiera que se atreviera a poner en duda su presunción de inocencia. Que a mí siempre me parece muy necesario lo de la presunción de inocencia, pero a lo mejor habría mejores justas que la de un tipo que se declaró culpable y ayudó a la Policía a montar el puzle: "aquí tiré la cabeza", "ese torso que ven es el de mi chico; no, ese no, el de la derecha", "la otra pierna se quedó encallada en ese desagüe"... Será presunto, vale, pero muy sospechoso también.

Aquí mismito ha habido medios de comunicación que se dicen serios que han titulado: "Noche complicada de Daniel Sancho en prisión. Ha tenido que pedir medicación para el estrés y permanece en la unidad hospitalaria". Así, tal cual, como si ninguno tuviéramos una idea aproximada de lo que es una "noche complicada" en una prisión tailandesa. La cosa es seria, hemos estado a minuto y medio de tertulia de invadir Tailandia.

Me intereso por la historia vital de Daniel y descubro al mentecato que ha resultado ser. No ha engañado a nadie, toda su fama de cocinero influencer era heredada. Y sostenida por la pasta de su víctima. Es un punto intermedio entre niño de papá y pedazo de psicópata con toda la cuerda dada.

Este septiembre, al menos, me trae tres alivios. El primero, poder ciscarme en todo lo que se mueve aquí mismo, en esta página, que a ustedes maldita la gracia que les hará pero a mí me sirve para ir trampeando la desazón. El segundo, que se acaba el verano en televisión, se estrenan nuevas temporadas y programas y el bueno de Dani irá poco a poco cayendo en el olvido de una celda de una prisión tailandesa de la que nunca debe volver a salir. Y, tercero, que para asegurarse de que así sea la familia ha contratado de abogado defensor a García Montes: no sé si hay un castigo en Tailandia mayor que la pena de muerte, pero si existiera sé que García Montes es capaz de conseguirlo. No descartemos incluso que el propio abogado quede también detenido, con lo que habríamos completado otra metáfora deslumbrante y a lo mejor hasta acabamos, esta vez sí, invadiendo Tailandia.

Pues eso, que bienvenidos de nuevo, es un placer verlos por aquí. Vamos a descuartizarlos. A todos.

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