Opinión

La cría débil del alimoche

Izquierdas. EFE
photo_camera Yolanda Díaz e Irene Montero. EFE

CADA DÍA SOY más consciente, por esas pistas que la realidad te va dando, de lo tremendamente agradecido que debo estar al azar de la evolución, a su disparatada aplicación del método ensayo-error, por haber determinado mi pertenencia a la especie humana. Es la única opción de la naturaleza, el único hábitat, en el que una deficiente forma de vida como yo puede ser no solo posible, sino una opción viable de maduración e incluso de reproducción, que es la función básica para el objetivo primero e ineludible para toda forma de vida: su perpetuación.

En cualquier otra opción de especie, no sería viable. Sería la gacela débil y coja que brinca al final de la manada para que los leones no ataquen a los individuos sanos y fuertes; la cría que es devorada por su hermano en el mismo vientre de algunos tiburones hembra; el pollito de alimoche expulsado del nido por la cría mejor alimentada. En el dudoso caso de que lograra alcanzar la madurez sexual, no se me ocurre ni un solo ejemplo en el que pudiera ganar el duelo por la reproducción: seguramente sería el único macho de viuda negra o de mantis religiosa en morir de viejo. No pretendo dar lástima, es así como debe ser: la perpetuación de la especie se confía a los individuos con los genes con más posibilidades, porque la evolución es azar pero tiene sus reglas.

Salvo en los humanos, en los que la naturaleza todavía no ha depurado del todo el método ensayo-error, porque somos unos animalillos relativamente nuevos y primitivos en términos evolutivos. Por eso aún hay esperanzas para formas de vida como yo y se nos permite alcanzar la madurez y ganar duelos reproductivos con artimañas no del todo beneficiosas para el conjunto. Hay que seguir aprovechando mientras la evolución no caiga en la cuenta.

Un poco esto mismo le pasa a la izquierda en España, que es improbable fuera de este hábitat tan extraordinariamente único. Como enseña nuestra historia, es un entorno naturalmente adaptado para la derecha en todas sus razas, desde la ultra hasta la centrista, pasando por la tradicionalista, la neoliberal, la franquista, la mesetaria o la neopija.

Una diferencia fundamental es que en España la derecha se reproduce por dinastías, que es más eficaz y suele dar lugar a camadas numerosas, mientras que la izquierda se reproduce por mitosis, lo que le proporciona más variedad genética pero escasas probabilidades de expansión.

Esto sucede porque la derecha española está mucho mejor dotada para el proceso de apareamiento que la izquierda. Las derechas saben discutir y medirse, pero sin hacerse daño, como esos machos de tantas especies de aves que pelean por el privilegio de la reproducción pero solo exhibiendo trinos, bailes y plumaje, sin violencia. Por ejemplo, Vox acaba de anunciar que rompe con el PP, pero sin romper. Luego se llaman malandrines y bribones y veletas y acomplejados y cosas así de vistosas, pero mantienen todos sus pactos porque, como especie, saben que lo fundamental para su permanencia es el poder. Y si unas siglas no sirven, se buscan otras, como cuando AP cambió a PP o la Falange a Vox, o reforman su sede o crean otra fundación.

Luego está el PSOE, que también ha dado con otra ingeniosa fórmula: su evolución se basa en el cambio de líderes, porque lo suyo suele ser un problema más generacional que ideológico. Sabe acomodarse en la adaptación.

Y luego está la izquierda, que no tiene el más mínimo instinto de conservación, porque no ha entendido lo que los anteriores: que la sociedad no evoluciona desde la verdad, sino desde el BOE, y que si todos los machos y hembras mueren en las batallas del periodo de celo, no hay esperanza de perpetuarse. El hábitat es el que es y solo da para lo que da, a ver si evolucionamos.

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