Opinión

¡Cómo están las cabezas!

Una persona pasa por delante del Tribunal Constitucional. JESUS HELLIN (EUROPA PRESS)
photo_camera Una persona pasa por delante del Tribunal Constitucional. JESUS HELLIN (EUROPA PRESS)

SEGURO QUE ya lo habrán notado, pero andan las cabezas tirando a regular. Y no lo digo por la mía, que nunca estuvo para presumir. En eso mi madre se dio cuenta enseguida: "Hijo, con esa cabeza no vas más que a urgencias", me tiene dicho con esa clarividencia de madre que solo aprendes a comprender y a valorar con los años. Pero la cosa es que no lo digo por la mía, que también, sino por las cabezas en general, que están para verlas.

Están las cabezas tan raras que uno ya hasta se pregunta para qué sirven. Porque así, en general, las cosas van bastante bien para lo que deberían. A ver, que habrá a quien mal y habrá a quien muy bien, pero para un país que sale a dos golpes de Estado por día y al que muchos llevan años vaticinando el apocalipsis detrás de cada esquina, no es la peor situación. Y sin mucha cabeza, oye, ni siquiera en el bando de los profetas del desastre.

Tampoco estamos inventando nada nuevo, seguramente en los primeros pasos de nuestra evolución tuvieron tanto que ver la capacidad para caminar erguidos o el dedo prensil como lo que teníamos dentro de la cabeza. Mike sobrevivió 18 meses sin cabeza, menos que algún presidente de Gobierno pero casi tanto como Casado al frente del PP, por poner un ejemplo. Hoy podría ser perfectamente candidato a las primarias de Ciudadanos o aspirante a presidente del Tribunal Constitucional. 

Mike sobrevivió 18 meses sin cabeza, menos que algún presidente de Gobierno pero casi tanto como Casado al frente del PP

Mike era el gallo que en septiembre de 1945 su dueño, un granjero de Colorado (EE UU) eligió para la cena. El golpe de hacha fue tan desacertado que no cortó la vena yugular ni el tronco encefálico. Aunque sin cabeza, Mike seguía caminado y hasta movía el cuello tratando de picotear, e incluso trataba de cantar al amanecer, por lo que cuentan con muy poco éxito  pero con mejores aptitudes que un cantante de reguetón. Era alimentado con bastante eficacia a través de un  gotero.

Olsen, su dueño, certero con el hacha no sería, y a lo mejor esa noche hasta se quedó sin cenar, pero cabeza no le faltaba. Enseguida adivinó que Mike y él podían ser un tándem triunfal. Como entonces no había programas de Ana Rosa, ni Atresmedia, ni Sálvames, se lanzaron al circuito de las ferias, en las que Mike demostró ser una estrella: está documentado que Olsen cobraba 25 centavos por persona por exhibir a su creación sin cabeza, y que su popularidad era tal que llegaba a ingresar 4.500 dólares al mes. Dólares de la época, quiero decir, que rondarían los 60.000 de ahora. También cobraba por ser portada de periódicos y revistas, como Time o Life.

No todo fue un sueño americano. Viendo la rentabilidad de la bestia acéfala, granjeros y buscafortunas se lanzaron por América adelante a decapitar pollos a ver si conseguían el corte y el coágulo precisos. Algunos lograron que vivieran uno o dos días, pero al final se tenían que conformar con una cena al horno.

Aunque sin cabeza, Mike seguía caminado y hasta movía el cuello tratando de picotear, e incluso trataba de cantar al amanecer, por lo que cuentan con con mejores aptitudes que un cantante de reguetón

Un día de 1947, estando de gira por Phoenix, Mike comenzó a asfixiarse con tan mala suerte que Olsen se había olvidado los goteros y las jeringas, y el cuerpo del pollo pudo reunirse por fin con su cabeza.

18 meses sin cabeza son muchos meses de dios, pero aún menos que los cuatro años que lleva funcionando así el Consejo General del Poder Judicial. El Tribunal Constitucional también parece andar detrás del récord. Ambos órganos recibieron el hachazo en el cuello justo en ese momento de la democracia en el que aceptaron convertirse en animales de granja de los partidos políticos.

Ahora los ciudadanos asistimos perplejos a sus estertores, pataleando para que sus granjeros les asistan con sus goteros y jeringas. Yo creo, sin embargo, que este sería un buen momento para que acabaran con este grotesco espectáculo de feria.

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