Opinión

Cita con la vida

Bryan Johnson. TWITTER
photo_camera Bryan Johnson. TWITTER

HA ANOCHECIDO ya en mi sofá. Buscando otra cosa, una de tantas, abro mi aplicación de Sergas Móvil y me encuentro con una cita que hasta ese instante ignoraba. Es justo para unas horas después, para las 9.27 de la mañana siguiente. La he pillado por los pelos y de casualidad. 

Me citan en el Hula, planta 2 bloque H, para una prueba diagnóstica. Dado que mi equipo médico habitual lo forman no menos de media docena de pacientes doctores de otras tantas especialidades, las opciones no son pocas. Tiendo a olvidar las cosas vitales y a perder los papeles importantes, creo que es por instinto de supervivencia.

Sé al menos que es una prueba diagnóstica, por lo que salgo de casa a las nueve de la mañana sin desayunar y aguantándome la meada por si es un análisis, con ropa cómoda de quitar y poner por si es de rehabilitación de traumatología y con los calzoncillos limpios por si es, dios no lo permita, una colonoscopia. A estas alturas ya no estoy seguro de nada. Mientras conduzco, caigo en la cuenta de que también tenía pendiente una espirometría, así que le doy la última calada al primer cigarrillo de la mañana y lo tiro a medio consumir. Cualquier precaución es poca.

Tiendo a olvidar las cosas vitales y a perder los papeles importantes, creo que es por instinto de supervivencia

En las maquinitas de sacar tus citas para ese día tampoco tienen noticia de mí. Me voy a probar suerte a la planta 2 bloque H. En la puerta pone vacunación internacional. Qué más quisiera, pienso mientras le enseño el pantallazo con mi cita a la enfermera. Amable y extrañada, comprueba algo en el ordenador: "Vete a la cuarta, que es para la vacuna del covid pero te han mandado donde no era". Gracias.

En efecto, arriba sí aparece mi nombre en un listado: en el de pacientes de riesgo, normal, tanto esfuerzo a lo largo de toda mi vida tenía que tener su recompensa. Un ratito de nada en la cola y salgo con un pinchazo en cada brazo, uno para el covid y otro para la gripe, soy el puñetero Ironman pero hecho de tiritas.

Meo y desayuno en la cafetería. Me pregunto cómo es posible que haya noches que me tenga que levantar hasta dos veces a mear y, sin embargo, la vejiga me aguante una hora con la primera orina de la mañana. No hay explicación y tampoco viene al caso. Aprovecho para bajar hasta la farmacia a por unas inyecciones que me escasean. La ventaja de los enfermos premium es que cuando vamos al Hula es como si fuéramos al Mercadona, salimos con la compra del mes hecha.

Mientras, a trocitos, cuando espero, cuando desayuno, cuando camino por esos pasillos anchos y largos como alamedas tristes, voy leyendo una noticia en la que he caído mirando el Twitter: habla de Bryan Johnson, un megarrico de Silicon Valley que está siguiendo un plan no solo para no envejecer, sino para rejuvenecer. Blueprint, lo llama. 

También analiza sus erecciones nocturnas y presume de que son como las de un adolescente; no aclara si se refiere a la consistencia o a que se tiene que conformar con masturbarse para volver a pillar el sueño

Se levanta, cuenta la información, a las 4.30 horas y toma su última comida del día a las once de la mañana. Hace ejercicio, es vegetariano, se monitoriza constantemente, toma más de cien pastillas al día y se inyecta regularmente plasma de su hijo de 18 años. Su equipo médico habitual, en el que gasta más de dos millones anuales, asegura que a pesar de tener 45 años tiene la salud cardíaca de una persona de 37 y la piel tersa como la de una de 38. Se acuesta a las 20.30, no quiere relaciones sentimentales que le estorben y solo tiene sexo programado. También analiza sus erecciones nocturnas y presume de que son como las de un adolescente; no aclara si se refiere a la consistencia o a que se tiene que conformar con masturbarse para volver a pillar el sueño. Espero que no dure mucho, yo no le deseo mal a nadie.

Ya en el coche, saliendo del párking, bajo la ventanilla y enciendo un cigarrillo. Pienso en que tengo que comprobar la cita para la espirometría, esa no se me puede pasar, y en cuánto darían algunos por tener mi vejiga. Seguro que pasa por la de un hombre de no más de 50 años.

MUNDOS PARALELOS
Isabel Díaz Ayuso Animalista: "Si la felonía de la amnistía triunfa no habrá dos tipos de españoles, es mucho peor: pronto no habrá españoles"
Escucho a la emperatriz madrileña alertar sobre la extinción de la noble raza ibérica, reserva occidental del trapío, y me pongo a rellenar los papeles para adoptar a un español. A ver si dejan simplemente apadrinarlo pero sigue viviendo en su dehesa o si hay que llevárselo a casa, porque las banderas ocupan mucho espacio.

Comentarios