Opinión

Asesórame, Koldo

ASESÓRAME, KOLDO! Dime cositas sucias al oído, dime "comisión" y "mascarilla" y "pelotazo" y "adjudicación". Y "mordida", dime "mordida", que me pone mucho. Koldo, mi escolta, mi portero, mi chófer, llévame al grupo mixto y hazme tuyo.

Yo sí te entiendo, Koldo, y sé por lo que estás pasando, porque de repente este país de burdeles, comisionistas y marisquerías parece haber descubierto la corrupción. Asombrados los tienes, clamando por comisiones de investigación, todas aquellas que no se hicieron por los reyes exiliados, los ministros encarcelados, los Eres a chorro, las autopistas rescatadas, los papas a comisión, las sedes blanqueadas como sepulcros.

Tienes que entenderlo, Koldo, es el mercado, amigo. No te odian por chorizo, te desprecian por advenedizo. Lo tuyo ha sido intrusismo profesional, aquí siempre choran los fetén, los de palco de equipo-estado, los cuadros de mando de partido, los nacidos con derechos y apellidos compuestos. Pero tú, Koldo, dónde vas si te apellidas García, alma de cántaro. Lo tuyo es abrir la puerta del burdel a los encorbatados que van al reservado a cerrar los tratos y que celebran las comisiones con un volquete de putas, pero te has venido arriba y te has sentado en su mesa de la marisquería. ¡Una marisquería, insensato, pero tú quién te has creído que eres!

Y algo de razón no les falta, Koldo, también te lo tengo que decir. Los pobres no sabemos robar, no tenemos estilo ni ambición. Se nos da bien afanar cuatro céntimos, hurtar tetrabrick y jamón de york en el súper o arrancar el radiocasete de un 127, pero robar, lo que se dice robar a lo grande, no.

Es que uno no roba así por necesidad, Koldo, lo que yo te diga. Cuando se usan firmas de altos cargos en lugar de estiletes con cachas horteras hay que tener otro desparpajo. Los pelotazos se pegan para pirarte en avión privado a vivir en una mansión en Dubái, para comprarte un yate o cinco o seis deportivos, pero no para comprarle unos pisos a la familia en Benidorm. ¡Vamos, no me jodas, Benidorm! Que sí, que la familia es lo primero, sobre todo la tuya y la de Isabel, pero que ella no somos tú y yo, Koldo, que nosotros somos el pueblo, que lo nuestro es el siseo para comer, no arrancar las medallitas de plata de la Virgen de los cuellos de nuestros muertos.

Pero yo te entiendo. Yo no quiero un Jaguar en el garaje ni vacaciones en yate con mucha nieve, quiero que el pueblo también pueda robar al pueblo. Al menos que se reparta la cosa. Lo que yo quiero, Koldo, es que me pongas un piso, uno como esos cinco o seis que te has comprado en el que lo nuestro pueda encontrar refugio. Lo decoraremos con muchos dorados y terciopelos de colores y le pondremos fundas a las tapas de las tazas del váter. Y compraremos cuadros con escenas de caza y enormes marcos con filigranas. Un nidito donde ser felices tú, yo, tus millones y tus troncos, aizkolari mío. Hasta podemos tener un perro, uno de esos pequeños y huraños que se llame José Luis.

Por eso no te lo van a perdonar, Koldo, porque nuestros sueños son pobres, de pueblo, sueños de grupo mixto, y hasta en la codicia carecemos de pretensiones. No lo pueden dejar pasar o se les llenarían los reservados de los burdeles y de las marisquerías de desarrapados como nosotros. Sería la democratización de la corrupción, el país patas arriba, un sindiós. Pero es gracias a gente como tú que todavía hay esperanza, Koldo, asesóranos.

MUNDOS PARALELOS
Eduardo Parra (Europa Press)
El peor ciego, el que no quiere ver
José Luis Ábalos no se lo vio venir. Ni lo de su asesor ni lo de su partido. Sorprende que haya llegado a ministro y a secretario de Organización prestando tan poca atención a lo que sucedía a su alrededor, a lo mejor debería haber tenido los ojos más abiertos. 

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