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La librería y el infinito

ES RARO que te den un premio honorífico. Como dijeron las presentadoras, Aldao y Lado, tan irónicas como divertidas, te llaman para comunicártelo e inmediatamente coges el teléfono para pedir una cita médica. ¿Me estaré muriendo? Será por eso que en mi discurso, que no escribí en ningún papel y sólo fue una parrafada inconexa y torpe, hablé de un futuro en el que la librería sólo fuese una cosa del pasado en la que depositar la nostalgia. Al fin y al cabo,las librerías siempre parecen cosas a punto de deshacerse, como los pétalos de una rosa, un nombre escrito en la arena, los amores apasionados, o las pompas de jabón. Bueno, esto último no lo dije pero habría estado bien. 

Creo que las pompas de jabón salían en un poema de Machado, aquel en el que se declaraba amante de los mundo sutiles, ingrávidos y gentiles que volaban bajo el cielo azul y de repente temblaban para quebrarse. Seguro que el poeta no no sabía, pero estaba definiendo a una librería. 

Es verdad que algunas son muy longevas y no dejan de cumplir años con lozanía como nuestra maravillosa Paz o Follas Novas o Lume o las Couceiro o tantas otras que son historia viva y cultural de nuestro país. 

Seguro que todos tenéis una librería que está enredada en vuestros recuerdos, enlazada en la memoria emocional que atesoráis y dibujada en el mapa sensorial de la ciudad vivida o soñada. 

Sí cierro los ojos aún puedo sentir la penumbra de Michelena una tarde de verano y mis latidos acelerados bajo la sombra mágica de todos aquellos libros. Da igual si no existe, está en mí, como el sabor de las rosquillas fritas que siempre me hacia la abuela. ¿No es eso acaso una forma de eternidad? 

Antes de eso, cuando sólo era una niña, el lugar lejano y de destino era el Kiosko de la ruinas de Santo Domingo. Allí cambiaba cada sábado por cinco pesetas mis novelas de bolsillo.

Mi primer acto de libertad, mi camino hacia la adultez tiene que ver con eso. Dejar A Caeira, cruzar el puente yo sola, leer como quien devora, alimentar ese ansia que pronto sabes insaciable. Abrir todas las puertas sabiendo que detrás siempre habrá otra. 

Quizás por eso las librerías no se acaban nunca, porque contienen un infinito. 

Gracias por cruzar esos umbrales y hacerlas vivas. 

La librería y el infinito
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