Opinión

Las cenizas de la memoria

Quizás mamá aún guarde el recuerdo de su olor, del color de sus ojos los días de sol, aunque solo era una niña la última vez que lo vio

Supongo que tú también tienes un abuelo del que apenas sabes nada, uno al que no conociste, que murió joven, que se fue a América, que existió sólo una tarde de amor en un pajar. 

Quizás tienes un nombre, un recuerdo heredado, una foto de la boda que se perdió en la última mudanza, un apellido, tu apellido, una fecha tallada en una tumba. 

No hace falta el fuego para que la memoria se convierta en cenizas. 

De mi abuelo Ángel sé que murió en el año 1960, que de la operación de cáncer de estómago solo quedó la deuda, inmensa, que nació en una aldea de Forcarei, que tenía muchos hermanos, que en aquella casa si los huevos escaseaban los comían solo ellos mientras ellas miraban, que tenía 53 años cuando lo enterraron en el atrio de la iglesia bajo una piedra sin nombre, que en su lecho de muerte hizo llamar a su hijo, con el que se había enfadado, que leía el Quijote, que le gustaba el café, que unos años antes se había caído de un puente mientras trabajaba en la vía del tren, que se rompió un montón de huesos, que le cambió el carácter, que se volvió violento, que mi madre no lo recuerda violento, sino amable, que es difícil dibujar a un hombre sin levantar el lápiz, que en julio del 37 fue procesado en un consejo de guerra, que antes estuvo muchos meses en la cárcel, que en el relato familiar siempre se presentó como inocente, que mi hermano, el que lleva su nombre, ha investigado y cree que sí, que practicó la resistencia, que era republicano, que tal vez de eso era culpable. 

Quizás mamá aún guarde el recuerdo de su olor, del tacto de su mano, del color de sus ojos los días de sol, aunque solo era una niña la última vez que lo vio, pero de la política no sabe nada. 

De joven estuvo en Barcelona. De esa experiencia no sabemos nada. Tal vez corrió por las calles en las revueltas obreras, tal vez se enamoró por primera vez, tal vez. Demasiados tal vez y demasiados agujeros. 

Somos el relato que otro puede hacer de nosotros, somos siempre una incógnita, somos una brizna en el aire, a punto de desaparecer.

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