Opinión

La pequeña Baviera

Galicia tiene sobre la mesa proyectos industriales con 45.000 nuevos empleos, pero el tiempo dirá cuáles son reales y cuáles solo promesas
El contenedor Evelyn Maersk, de la naviera Maersk. DANIEL BOCKWOLDT (EUROPA PRESS)
photo_camera El contenedor Evelyn Maersk, de la naviera Maersk. DANIEL BOCKWOLDT (EUROPA PRESS)

La combinación de la lluvia de fondos europeos de recuperación tras la pandemia con el horizonte electoral abrió en Galicia —y en el resto de España— la veda de los grandes anuncios. Las distintas administraciones se apresuran a comunicar a sus vecinos a bombo y platillo el desembarco de empresas y fábricas que, en su conjunto, suponen cifras de inversión escandalosas y la creación de más de 45.000 empleos, que para que se hagan una idea es algo así como seis veces Citroën de Vigo —hoy Stellantis— o 25 veces Alcoa.

De esa lista de proyectos unos están ya maduros, otros verdes y otros son poco más que un espejismo. Unos son inmediatos y otros a medio plazo. Y unos dependen de fondos europeos y otros no. Pero todos tienen algo en común: se anuncian con la misma intensidad, con la misma seguridad y con las cifras de puestos de trabajo estiradas hasta lo indecente.

→ Los principales ejemplos

El gigante danés de los mares Maerks fue el último en poner el ojo en Galicia y en sumarse a esta carrera reindustrializadora que, de momento, está solo pintada en el papel. Quiere instalar una planta de metanol verde, posiblemente en el puerto exterior de A Coruña, junto a otra en Andalucía. Habla de 10.000 millones de inversión y 85.000 empleos, por lo que a Galicia le corresponderían, ya tirando por lo bajo, unos 40.000. Al Gobierno central le faltó tiempo para hacer el anuncio, pese a que la cosa está aún más verde que el metanol que van a producir. La Xunta, por su parte, tiene sus esperanzas depositadas en otro proyecto también sin madurar: el de fibras textiles de la portuguesa Altri en Palas de Rei. Son 800 millones de inversión y 2.500 empleos, más de los que tiene la papelera en sus tres plantas del país vecino, lo que invita a muchos a desconfiar también de la magnitud del anuncio.

Pero hay más. Mucho más. La china Sentury Tire proyecta 750 empleos en su fábrica de neumáticos de As Pontes; Iberdrola y Foresa sea aliaron para producir metanol verde en Caldas de Reis y Begonte con más de 50 empleos en cada planta; y Triskelion hará lo propio en Mugardos, con 40 empleos directos.

Un centenar de puestos son los que prometen también la lusa EDP y Reganosa en su fábrica de hidrógeno verde de As Pontes; y en el polo aeroespacial de Rozas el aterrizaje de Airbus, Babcock y Telespazio aseguraría 400 puestos.

Sin olvidar que, por su cuenta, Olidis presentó una planta de aceites usados en A Estrada con 500 posibles empleos y Kern Pharma apunta a 50 puestos en una planta en Monforte de Lemos.

La lista sería interminable con Cortizo, Oviganic, Hornos de Lamastelle, Ence, Agroamb... Y, como no, las decenas de parques eólicos necesarios para alimentar toda la nueva industria verde.

→ La realidad actual

Ese ilusionante futuro industrial contrasta con la actual realidad de un sector en crisis y retroceso, que aporta algo más del 18% al PIB gallego y el 16% del empleo. Son porcentajes por debajo de las otras comunidades del norte y por debajo de lo que recomienda Europa, que defiende que el peso de la industria en el PIB no debería bajar del 20%. Pero en España es peor: apenas llega al 16%. Nuestra industria merma a la misma velocidad que sube el turismo.

Por esa delgada línea que separa la realidad de la promesa electoral transita ahora mismo el futuro industrial de Galicia, pendiente de la inyección de unos fondos europeos que no acaban de llegar nunca. Habrá que esperar un par de años, hacer balance y comprobar cuántos de todos estos anuncios son realidad y cuántos humo. Solo entonces sabremos si vivimos en realidad en una pequeña Baviera o, simplemente, en la pequeña Galicia de siempre.

Aunque les daré una pista: fíense de aquellos proyectos anunciados por las propias empresas y desconfíen de los vistosos Power Point de la Administración.

El desprecio histórico de España a Portugal obligará a Galicia a buscar sus propios acuerdos bilaterales

La cumbre hispano-lusa de Viana do Castelo cumplió las expectativas: se esperaba que fuera un fiasco y lo fue. Porque España siempre despreció a Portugal, pese a que con sus 1.214 kilómetros comparten la frontera más larga entre dos países de la UE. Moncloa siempre prefirió orientar su política exterior a las grandes potencias europeas y mirar de reojo al país vecino, pese a que allí el paro es del 6,1% (12,7% en España), que terminará 2023 con menos deuda, que invierte más en educación, que gestiona mejor los fondos y que es mucho más cívico y europeo. Portugal es una oportunidad para Galicia y, si España no quiere, debe ser la Xunta quien busque sus propios acuerdos para impulsar la eurorregión.

Sada, una moción y varias lecturas

La moción de censura de Sada es de esos movimientos políticos difíciles de justificar. Por mucho argumentario que se le meta, un golpe de timón así a apenas seis meses de las elecciones municipales no es fácil de vender para nadie. Suena a chanchullo. Pero esta estrategia para apartar al regidor Benito Portela, de Sadamaioría, de la alcaldía tiene alguna otra lectura interesante en clave política. Por un lado, deja a la Anova de Martiño Noriega sin uno de los pocos representantes institucionales que le quedan. Por otro, en el lado de los promotores de la moción, confirma que los problemas internos en la Alternativa dos Veciños (AV) de Gelo García Seoane son algo más que rumores, ya que el alcalde de Oleiros parece incapaz de controlar las sucursales del área coruñesa. E incluso en el PSdeG, donde sus dos ediles, que ahora pactarán con el PP, se quejaron de que se sienten abandonados por la dirección de su partido.

Ourense, la Aesia y los localismos

Finalmente Galicia acudirá al concurso para elegir la sede de la agencia estatal de inteligencia artificial (Aesia) con dos candidaturas, la oficialista de A Coruña, que cuenta con el apoyo de la Xunta; y la de Ourense, que aprobó en su pleno seguir adelante pese a no tener el respaldo autonómico. Sorprende que la propuesta del alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, salió adelante por unanimidad, contando incluso con los votos del PPdeG pese a que supuestamente en contra de la Xunta. Pero es que si hay algo en Galicia capaz de mover los marcos más firmes de la política, eso es el localismo. Sin entrar en qué ciudad es mejor par albergar la sede de la Aesia, la realidad es que mientras el resto de autonomías acudirán con una candidatura única, firme y reforzada por el apoyo de todos, aquí nos presentaremos divididos entre norte y sur, lo que nos penalizará. Así que, al final, es posible que ni A Coruña ni Ourense.

Comentarios