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Ábalos y el avión

REGRESO A MI casa después de recibir, con todo el gobierno de la Comunidad de Madrid, al presidente Guaidó, con el que Sánchez no ha querido citarse, es de suponer que para no pisar callos a su socio de gobierno. A estas horas todavía estamos esperando por la penúltima versión del encuentro entre José Luis Ábalos y Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, que tiene prohibido pisar suelo europeo y con quien el ministro se reunió de madrugada en una cita secreta y que huele cada vez peor.

En principio Ábalos contó que había ido de madrugada al aeropuerto a recibir a un amigo y allí se topó con Rodríguez. Todo muy normal: a quién no le ha pasado eso de ir a medianoche a ver a un colega que está dentro de un avión y allí darse de bruces con un personaje indeseable que debería ser detenido si bajase a la pista, pero lo tienes que saludar por educación.

La historia ha ido evolucionando y se parece más a la verdad: Ábalos se reunió con doña Delcy, en secreto y a horas intempestivas, para escándalo de cualquiera con dos dedos de frente. Falta saber de qué hablaron y de quien partió la idea. El ministro de transportes dice que fue a ver a Rodríguez para evitar una crisis diplomática, y supongo que eso merece una explicación más extensa, pues a esta hora parte de nuestros socios internacionales están que trinan con el asunto. Ábalos, que cuando quiere habla como si tuviese un palillo en la boca, ha dicho a los que piden su dimisión que vino para quedarse y que a él no le echa nadie, y le faltó añadir "y que lo intenten si tienen redaños".

Por supuesto, Ábalos no se irá: se sabe blindado por el propio Pedro Sánchez, que estaba al cabo de la calle de su aventura nocturna. Pero cada vez parece más claro que detrás de su cita en el aeropuerto hay cosas inconfesables que nos pondrían los pelos de punta. Me pregunto si llegaremos a conocer los detalles que rodearon ese encuentro, pero apuesto cualquier cosa a que su intrahistoria no debería dejarnos dormir tranquilos.

Ábalos y el avión